Asistentes
Marcos 3
Elena 1
Almu
Palo
Fran
Julia
Paula 14
María 12
Celia 10
Jose
Raquel
Ana
Inés
Gelen
M.Elena
Maribel
Oscar
Pablo 7
Charly
  Almudena
  Carlos 3
Ignacio
Ana
Blanca 3
Ignacio 3
Juanra
Tere
Abel 8
Joaquin
Judith
Kaila 3
  Aliana 1
May
  Gabriel 15
  Edu 12
Diego
Cintia
Manu
Leticia
Yolanda
Guillermo
Iván 12
Victor 8

EN BUSCA DEL MONT BLANC... LOS ALPES

¡¡¡¡¡¡ CRÓNICA DE JUANRA !!!!!!!

Ginebra-Chamonix-Annecy

DIA UNO: La toma de contacto.

Érase una vez la enésima muesca en la culata de la unidad de expedicionarios de Topodiving. Y ¡qué casualidad! que esta vez, nuevamente se tenían que superar.
Transcurría el mes de julio del año pasado cuando el líder de la unidad, se devanaba los sesos buscando un reto a la altura de sus anteriores proyectos. Resultó que una tarde al volver de su trabajo, ese del que tanto espera (¡vamos, del que espera una jubilación temprana y estupenda!) se encontró con el ascensor estropeado. En ese momento le vinieron a visitar las musas. Las musas en forma de conserje que le daba un paquete de Amazon que había llegado por la mañana y que contenía un juego completo de sartenes de acero antiadherente. A la altura del segundo piso, le vino la inspiración: Sería un viaje sobre la montaña. Guadarrama? Gredos?... Pirineos?... ¡No! El líder piensa a lo grande. Sería a los Alpes. Y sería al lugar desde donde empezaron todas las grandes gestas en los orígenes del alpinismo.
Lo tuvo claro: Le dijo a la persona que le aguanta: "Tienes un día para hacer las maletas. Y da gracias, a que no he pedido las vacaciones, que si no, tendrías una hora. ¡Nos vamos a Chamonix!". Y allí se fueron a hacer el trabajo de campo. Unos meses más tarde, estábamos todos los integrantes de la expedición rumbo a la meca del alpinismo.
Algunos integrantes fueron los nominados para hacer de avanzadilla de reconocimiento, para realizar los primeros trámites y preparar el terreno para el grueso de la expedición, por lo que salieron la tarde antes. Pero como el líder de la expedición no confiaba mucho en el resultado de la unidad de reconocimiento, les ordenó, en una maniobra digna de un gran estratega, visitar Lausanne, obteniendo como resultado el enfangamiento en un atasco épico, que supuso, como logro más significativo, el conocimiento profundo de todas y cada una de las funcionalidades y características técnicas del coche de alquiler que les transportaba.
A la mañana siguiente, el grueso del grupo se congregó en el aeropuerto, y entre la dificultad de reconocer a algún compañero de expedición a través de sus legañas, y los nuevos integrantes que se incorporaban a la unidad, hubo algunos momentos de desconcierto. Pero el equipo se cohesionó enseguida al expandirse el rumor de que algunos integrantes de la expedición, no viajaban el low cost, tendrían comida y bebida gratis en el vuelo y no acabarían con los cartílagos de las rodillas acartonados. El "¡serán cabrones!" corrió como la pólvora.
Sea como fuere, la expedición llegó a Ginebra sin contratiempos, más allá del enderezamiento de alguna espalda, y alguna cojera temporal.
Recogimos las maletas, también sin contratiempos, salvo un aplastamiento de pie causado por una maleta convenientemente depositada de golpe sobre el mismo, acción provocada por algún integrante menor de la expedición que se empeñó en bajarla de la cinta (su padre, posteriormente le aplicó el conveniente correctivo).
Una vez recogidas las maletas se hizo el intento de realizar los trámites de la recogida de los coches de alquiler, sin que contara el tiempo efectivo del mismo, lo que acabó con la conveniente carcajada de la empleada francesa de Budget. Al ver la cara que pusieron los miembros de expedición designados como conductores, la amable empleada volvió a soltar la misma carcajada, pero esta vez en suizo-alemán ,para que no hubiera más dudas. A partir de ahí comenzó lo que se podría llamar el baile del pollo descabezado, mientras se buscaba el autobús que nos llevaría al centro de la ciudad. "Es por ahí", "Tu hazme caso que yo ya he estado aquí", "pregúntale a ese", "este no tiene ni puta idea", "que tiene que ser uno rojo", "tu sí que eres rojo", "quien coño ha organizado esto", son algunas cosas que se pudieron escuchar en esos instantes de confusión y falta de liderazgo. Pero el comandante de la expedición se rehizo, y tomó una decisión: "La parada es esa. Seguidme".
Efectivamente, esa era la parada y en pocos minutos llegó el autobús. Hubo algún atisbo de duda cuando algún pasajero se llevó las manos a la cabeza al ver el número y tamaño de nuestras maletas al subirlas al autobús. Pero se disipó enseguida al ver la cara de pasota del conductor, que decía a todo que sí.
El corto viaje transcurrió entre estrecheces en el autobús, y las caras de preocupación de los pasajeros que tenían que salir en las paradas próximas y no sabían cómo saltar la pila de maletas que les separaba de la puerta.
Por fin llegamos a la parada de destino y al grito de "¡ES ESTAAAAA!", nos abalanzamos hacia las maletas y con ellas, hacia la salida. Y en apenas unos segundos, como buen equipo disciplinado y entrenado en los métodos disciplinarios del equipo topodiving que éramos, estábamos todos en la acera preguntándonos unos a otros: "¿Dónde hay que ir ahora?". Obviamente ahí salió a relucir la calidad del líder que disipó todas las dudas con un "¡por ahí!", mientras más de uno de los componentes de la expedición seguían intentando dilucidar el camino poniendo cabeza arriba y cabeza abajo su móvil de última generación.
Por fin llegamos al centro comercial. Allí había que hacer acopio de pertrechos y viandas en el super, por un lado, y comer por el otro.
Mientras unos representantes de cada pelotón iban a super, otros se quedaron montando guardia para custodiar el preciado equipo de los expedicionarios, consistente en varios "esto por si hace calor", "esto por si llueve", "esto pa' que vale?-Tu llévamelo y calla", y muchos "porsiacasos".
En el super no hubo especial problema, dada la profesionalidad de los expedicionarios, pero sí que hubo algún roce con la población autóctona, con el cajero concretamente, que se solucionó con un "Te cuidado con lo que dices que, en el pecho lleva una tarjeta que dice que se llama Antonio. No Antuan. Antonio".
Una vez realizado el acopio, nos fuimos al restaurante que estaba justo al lado del super, y a lo Paco Martínez Soria y Gracita Morales con los maletones, y las bolsas de la compra, fuimos entrando.
Fue una comida agradable, interrumpida constantemente con la llegada de los exploradores que venían del atasco y el grupo VIP (que tardaron un poco en encontrar el sitio debido a que tuvieron algún problema de adaptación visual motivada por el champán del avión). También hubo las lógicas confusiones en el primer encuentro con la población local, que se resolvieron con un "lo mismo que has puesto a ese", y "ketchup si vu plé".
Una vez repuestas las fuerzas, los expedicionarios que ya habían conseguido medios de locomoción, acercaron al resto de los designados como conductores al aeropuerto. Allí iban a ser desplegadas las habilidades largamente entrenadas de lo que el líder denomina "Técnica Disney" para conseguir el mejor coche. Hubo alguno, que con valor y autoconfianza se prestó como voluntario para encabezar la operación, saliendo escaldado, ya que era el que más necesidad de espacio en el coche tenía, y salió con el coche más pequeño. Y tuvo que sufrir además, el escarnio de sus compañeros, y hasta del propio líder, porque le ofrecieron, a precio de testículo de obispo, los mismos coches, de gama superior, que a otros compañeros les dieron sin coste adicional.
Una vez motorizados, el resto de componentes y sus maletas fueron recogidos del restaurante y, la expedición completa ya, puso rumbo a Ginebra. Había que llegar a una hora concreta donde nos esperaba el amable maquinista de un trenecito que nos daría un paseo por la parte más noble de la ciudad. El problema era que el trenecito ya lo tuvimos antes, pero con coches. La expedición al completo se metió de lleno en un atascazo que provocó la dispersión de los integrantes de la expedición. Bueno alguno también se dispersó metiendo las coordenadas del parking en el GPS del coche. El caso es que el líder tuvo que ir recogiendo casi a lazo a los integrantes según los iba viendo con cara de despistados.
Pero al final llegamos al lugar donde se emplazaba el tren. Tarde, pero llegamos. Y allí estaba el bigotudo maquinista mirando el reloj y dando golpecitos con el zapato en el asfalto para que nos diéramos cuenta de habíamos pisoteado la puntualidad suiza en la primera ocasión. Así que sin pausa, nos subimos todos al trenecito como en una coreografía militar perfectamente ensayada: "Ponte tu con el niño". "No, que los niños quieren ir sólos". "¿Dónde pongo el carro?". "Este sitio está ocupado". "Yo con éste no me pongo". Una vez nos sentamos, arrancó el trenecito, y el maquinista puso una locución en varios idiomas. Quizá alguno se enteró de algo, pero la inmensa mayoría aprovechó para despacharse a gusto y poner a caldo a la organización, las pintas de otros miembros presentes, y sobre todo de los que no estaban presentes.
Una vez realizada la visita turística a la ciudad, nos dirigimos a recoger los coches que, convenientemente, habíamos dejado en el parking de la zona más atascada de Ginebra para poner rumbo al que sería el epicentro de la expedición: Chamonix. Bueno, a Chamonix exactamente no. Porque dados los escasos medios en los que topodiving se desenvuelve, hubo que alojarse en un pueblo, denominando Passy, aunque pronto se le puso al emplazamiento, el nombre en clave de "a tomar por culo". Especialmente cuando corrió un nuevo rumor: ciertos integrantes de la expedición iban a ser alojados a escasos 4 kilómetros de Chamonix.
Una vez localizado el emplazamiento, el equipo se distribuyó por las cabañas asignadas, sin más contratiempos. Aunque hubo algún comentario de la curiosa costumbre francesa que sustituía las toallas dobladas en forma de cisne para recibir al inquilino, por un castillo hecho con toda la vajilla.