Del 06 al 22 de julio
Maldivas y Sri Lanka


CRÓNICA DE OCEÁNICA 2.007

OCEÁNICOS

Al encuentro del monzón (por Barran)

Monzón, término que viene del árabe mawsam: estación, temporada (particularmente la propicia para navegar por haber vientos favorables). En el diccionario de la RAE se define monzón como: Viento periódico que sopla en ciertos mares, particularmente en el océano Índico, unos meses en una dirección y otros en la opuesta. En el sur de Asia existen dos monzones: el monzón del noreste y el monzón del suroeste. El monzón del noreste comienza habitualmente en octubre y el monzón del suroeste comienza en junio y se caracteriza por grandes lluvias.

Oceánica, sin embrago, es un término que proviene de una lengua extraña solamente entendida por un selecto grupo de entes, mayoritariamente buceadores, que les importa un comino el monzón que les toque cuando visitan Asia. ¡¡Así es el Espíritu Oceánica!! Y este un nuevo capítulo…

…Oceánica 2007 y el monzón del suroeste

Viernes 6 de julio (víspera de San Fermín)

En esta ocasión el lugar de la cita fueron los mostradores de Qatar Airways en la T1 a las 20:00 horas. Poco a poco, y puntuales a la cita, fueron apareciendo todos los miembros de la expedición. Una vez que toda la plana Oceánica estuvo completa nos enfrentamos decididos y confiados al mostrador de facturación (este año hemos conseguido que nos regalen un exceso de 2 kilos por billete para limar el posible sobrepeso de nuestros equipajes); que todo el mundo saque su pasaporte y a facturar.
- “¡2 kilos! Podemos pasarnos 2 kilos. ¿Pero, no eran 12?”
- “Bueno no creo que pase nada si te pasas un par de kilos más”.
- “Un par de kilos más, que cachondo”.
La mayoría de nuestros equipajes sobrepasaban el peso estipulado y algunos con creces, el empleado de facturación iba poniendo caritas cada vez que subíamos un nuevo maletón a la cinta. Hubo incluso que aligerar la carga de alguno y repartirla entre los que llevaban hueco en los equipajes de mano, pero sólo en aquellos que pasaban de los 30 kilos.
- “¡Qué barbaridad! ¿Qué lleváis?”
- “Pues nada del otro mundo, serán los juguetes que llevamos para regalar a los niños”.
- “Venga ya hombre, que no cuela”.
- “Pues yo llevo hasta unos bigudíes por si me da por hacerme la permanente”.
- “Que quede claro que el único que tiene licencia de sobrepeso es Repuestos Tapias por el servicio que presta a esta nuestra comunidad buceadora”.
Después de algunos ajustes conseguimos facturar los equipajes, ¡Prueba superada! Ahora llega el turno de las tiernas despedidas de los enamoriscados oceánicos que dejaban a sus parejas en tierra, y es que Oceánica endurece los corazones porque este año ni una lágrima se derramó en la despedida. En fin, corramos sobre este tema un tupido velo.
Una vez despachados a los amigos, familiares y churris, que tan amablemente nos habían acercado hasta el aeropuerto, nos dispusimos a buscar nuestra puerta de embarque. Ya en la zona de embarque, y como no puede ser de otra manera dimos buena cuenta de la tradicional ración de ibéricos, esa costumbre tan arraigada en la cultura Oceánica. Llegados a este punto y con la andorga llena (como diría un viejo conocido de estas crónicas) habrá que hacer algo para matar el tiempo ya que hasta las diez y pico no embarcamos. Rápidamente Barran desenfundó la indiaka y acto seguido todos los oceánicos se fueron animando a mostrar sus habilidades con la pelotita con plumas. Fue entonces cuando surgiendo de la nada como un trueno en la noche, como un fantasma en la oscuridad… Apareció:
- “¿Será un pájaro?”
- “¿Será un avión?”
- ¡Es el Martillo de Maputo!
Primera y única intervención del Martillo de Maputo; una elevación magnífica armando el brazo para el remate, un alarde de destreza en la ejecución, y por fin, el remate final. La indiaka sale de su golpeo con una velocidad endiablada, sobrepasa volando al resto de oceánicos que siguen con la mirada la trayectoria de su vuelo incapaces de alcanzarla, y con la precisión de un misil exocet, impacta en la cabeza de una guiri que plácidamente permanecía sentada mientras esperaba el embarque de su vuelo. Se hizo el silencio, Barran enfundó la indiaka en su estuche con la misma celeridad con la que hacía unos instantes la había desenfundado. Después, mientras el resto de oceánicos se tronchaban con risas mal contenidas, el Martillo de Maputo se disculpó amablemente.
En estas estábamos cuando los Haribos hicieron acto de presencia, y entre Haribo va y Haribo viene, llegó la hora del embarque. Embarcamos sin ninguna novedad digna de mención e iniciamos vuelo hacia nuestro próximo destino: Aeropuerto Internacional de Doha, en Qatar.

Sábado 7 de julio de 2007 (San Fermín)

Despegamos el viernes de Barajas y aterrizamos el sábado en Doha después de, aproximadamente, unas 6 horas de vuelo. Impresionante aeropuerto el de Doha, construido a lo grande y sin miramientos (es lo que tienen los petrodólares), gestiona infinidad de vuelos al día ya que actúa de puerta de entrada hacia los destinos del continente asiático.
- “¿Bueno, y aquí qué hora es?”
- “Pues dos más que en España”.
- “¿Sólo?”
- “Claro. Es que es España estamos a GMT+2”.
- “Ahh”.
Se mató el tiempo como se pudo durante las 3 horas que permanecimos en el aeropuerto hasta la salida de nuestro próximo vuelo. Embarcamos según el horario previsto y emprendimos vuelo hasta nuestro destino final: el aeropuerto de Negombo en Sri Lanka.
De nuevo nos encontramos sentados en un avión y por delante otras 6 horitas de vuelo. Llegamos sin complicaciones a Negombo, recuperamos todos los equipajes, cambiamos dinero en el mismo aeropuerto, disfrutamos de las primeras friegas de Relec y flipamos con las tiendas de electrodomésticos (como lo oyen, te podías comprar un combi o un lavavajillas sin salir del aeropuerto).
- “¿Y, aquí qué hora es?”
- “Serán 3 más que en España”.
- “No, son 4”.
- “Pues ni 3 ni 4. Son 3 horas y media más que en España”.
- “Qué raro”.
Salimos del aeropuerto y allí estaba Denzil esperándonos, nuestro guía durante la estancia Oceánica en Sri Lanka. Una vez realizadas las presentaciones de rigor nos encaminamos hacia el autobús que Topodiving tenía reservado para la expedición Srilankesa. Encajamos con calzador los maletones en el maletero del autobús y aun así hubo que subir alguno al habitáculo. Una vez hubimos estibado el autobús nos dirigimos hacia las oficinas centrales de la agencia y allí dejamos los maletones de buceo hasta nuestro regreso de la ruta. Y así, ligeros de equipaje, es como comienza nuestra aventura por tierras de Sri Lanka. De nuevo al autobús, nuestro próximo destino es el hotel Colombo City donde cenaremos y pasaremos la noche, nuestra primera noche en Sri Lanka. Según nos acercábamos al centro de la ciudad observamos que íbamos atravesando múltiples anillos de seguridad y es que el hotel estaba situado cerca de la residencia presidencial. Después de tomar posesión de nuestros aposentos nos enfrentamos por primera vez a la cocina Srilankesa y sobre este tema ha habido opiniones para todos los gustos, para gustos que gustan de la comida picante y para gustos que no gustan tanto de la misma. Lástima que el comedor no estuviera operativo, estaba sufriendo una reforma, y hubo que hacerlo en una habitación habilitada para hacer las veces de comedor.

Domingo 8 de julio, de Colombo a Anuradhapura (pasando por Pinnawela)

Tras una reponedora noche de descanso, en una cama de verdad, encaramos contentos el primer madrugón con cánticos de felicitación para un insigne Oceánico.
- “Cumpleaños Feliz”.
- “Cumpleaños Feliz”.
- “Te deseamos Dino”.
- “Cumpleaños Feliz”.
- “¡Bieeeennnnnn!”.
Desayuno, autobús y rumbo a Pinnawela para visitar el orfanato de elefantes. Por el camino paramos en un puesto de frutas y rambután para todos. Degustamos por primera vez esta fruta que resultó ser como una uva gigante con el hueso de un níspero en su interior, todo ello recubierto de una suave cáscara roja llena de pelos también rojos; muy rica.
Impresionante el hartón de elefantes que nos dimos, ninguno habíamos visto jamás tanto elefante junto. Así pasamos la mañana, observando a los elefantes en la hora de su baño y pudimos tocarlos y hasta ofrecerles de comer de nuestras propias manos.
Después nos fuimos al hotel Nuwarawewa Rest House, muy cerca de Anuradhapura, donde tomamos posesión de nuestros aposentos y comimos. Acto seguido de la pitanza salimos zumbando a visitar nuestro primer templo budista, creo que en Isurumuniya. Después el segundo en Adhayagiri, la dagoba más grande de la isla, tan grande que compite en tamaño con la pirámide de Micerinos. A estas alturas ya empezábamos a hacernos verdaderos líos con los nombres de las localidades y de los templos. El siguiente templo que visitamos era distinto, no se trataba de una dagoba sino de un recinto amurallado que daba cobijo a un magnífico ejemplar de Ficus Religiosa, sagrado para la comunidad budista; se trataba del templo Sri Maha Bodhi. Pero todavía hubo más, después de visitar el Sri Maha Bodhi nos dirigimos a pie hasta otra dagoba gigantesca que estaba defendida por cientos de bustos de elefantes esculpidos en el muro que la rodeaba, la Dagoba de Ruvanveli.
El día no acabó aquí, entre descálzate y vuelve a calzar, todavía quedó tiempo para acercarnos a saludar a Samadhi Buddha, una estatua antiquísima en la que Buda presenta un semblante ni triste ni alegre, sino todo lo contrario, es decir, un estado de gran serenidad y paz interior que invita a la meditación. Y vuelve a calzarte los borceguíes para llegar, con apenas luz solar, a la última visita del día donde contemplamos dos estanques piscina que, en la antigüedad, usaban los monjes de un monasterio adyacente para las purificaciones.
Cansadillos pero contentos, por un día tan intenso, regresamos al hotel para cenar y tras una breve tertulia nos acostamos para reponer fuerzas de cara al nuevo día.

Lunes 9 de julio, de Anuradhapura a Dambulla

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