EXPEDICIONARIOS

26 y 27 de noviembre de 2.005

Eran las 19:30 cuando los primeros llegábamos a las puertas del hotel, había que estar un poco antes para comprobar que todo estaba según lo planeado. Los Remes llegaron casi a la par. María, el punto neurálgico del fin de semana no estaba aún en el hotel pero no tardó mucho en llegar haciendo gala de los clásicos nervios previos a tener que coordinar un grupo grande. Todo estaba listo y ya solo faltaba que empezara a llegar el resto de la gente mientras esperábamos sentados alrededor de la chimenea.

Los Barran y los Juanras, que por una vez no eran los últimos en llegar se sumaron pronto al calorcito, al igual que los Dinos. Aquí empezaron las llamadas telefónicas, en el puerto de Guadarrama esta cayendo una nevada de la leche y alguno piensa ya en que van a cerrar el puerto. María Elena, la madre de María nos dice que eso es casi imposible, porque los quitanieves no paran de ir de un lado para otro, eso sí, la prudencia es mucha, hay que ir bien despacio. Hasta el coche de la Navarro se paró en una gasolinera a hacer práctica de puesta de cadenas, 4 churris en una labor tan complicada, seguro que algún camionero peludo las echó una mano.

Bueno sin muchos contratiempos más fue llegando todo el mundo, menos los Poretti que salían de Madrid a las 23:00 y llegaron a las 00:30. Que gusto, acostumbrados los viernes a viajes de más de 4 horas en esta ocasión en 75 minutos ya estábamos en el destino. Eran las 22:00 horas cuando empezábamos a cenar; patatas con gambas, crema de espárragos, ternera asada, merluza en salsa, flan casero, melocotón con piña, fruta... bueno, no había que comer de todo, cada uno seleccionaba el primero y el segundo que quería comer.
El hotel estaba a nuestra entera disposición, éramos los únicos clientes y podíamos campar por todas partes a nuestras anchas, ejemplo de ello es que nos dejaron la barra del bar para que la Barrantas hiciera pinitos de barwoman y sirviera las copas mientras utilizábamos el karaoke. Menudo recital, como tuviéramos que vivir de cantar el "Tractor amarillo" íbamos a pasar hambre pero de la buena. Eso si, ver a Concha y a Amelia desatadas cantado "15 años tiene mi amor" del Dúo Dinámico fue el clímax. Tras apurar los pelotis y habiendo agotado todas las canciones del karaoke fuimos desfilando hacia nuestras rurales y magníficas habitaciones, había que descansar que el día venidero se presentaba durillo.
A las 9 vino a visitarnos Tarzán, Torrente, Benito Lopera, Manquilla, Chiquito, Carlos Jesús y algún otro más que no recuerdo. Fueren muy amables viniendo a despertarnos dulcemente por la megafonía puesta a tope del hotel. La nieve no ha hecho acto de presencia, pero el cielo tienen un encapotamiento sospechoso de lluvia. Desayuno completito para acumular energías, que la caminata por las hoces va a ser considerable.
Con las migas en la comisura de los labios del pan tostado y el bizcocho nos bajamos a la sala de audiovisuales para ver un video de media hora de lo que nos vamos a encontrar en la excursión. El autobús llega 20 minutos tarde, o sea que al final comeremos aún más tarde. Mientras todo el grupo se abriga bien para ir a visitar el monasterio de San Frutos y mientras María nos explica a todos que hacía allí esa construcción religiosa, algunos buscan una senda entre las laderas por la que ir descendiendo hasta llegar a la orilla del río. Tras varias subidas y bajadas por las escarpadas paredes conseguimos encontrar un lugar relativamente seguro por el que bajar. Como vimos que no era muy recomendable bajar por allí con los niños, partimos el grupo y los padres se fueron para hacer la ruta a la inversa para juntarnos en la mitad del camino.
Estábamos comenzando la marcha a las 12:30, nada menos que media hora costó al grupo bajar por la ladera para comenzar la marcha dentro de las hoces. A partir de ahí, aquello era una larga procesión de penitentes en fila de a uno, de vez en cuando nos parábamos para cantar una saeta y que el grupo no se desperdigara demasiado. De paso observábamos lo que nos había traído hasta allí, las vistas espectaculares del paraje, la verdad es que merece la pena el esfuerzo y el frío, aunque cuando ibas andando no lo notabas.
El remate a aquellas vistas era contemplar los vuelos majestuosos de cientos de buitres que pasaban encima de nuestras cabezas y aquellas oquedades donde los ermitaños pasaban sus confortables existencias. Pasado un rato nuestras fisionomías empezaron a quejarse, eso de andar por varios tipos de superficie a la vez es lo que tiene; rodaderas, caminos, césped, rocas. El grupo empezaba a estirarse y se producía algún que otro descuelgue, pero no por cansancio, más que nada era por el embelesamiento en la contemplación del lugar.A partir de la tercera hora de caminata la gente ya no alzaba casi la cabeza, solo una idea, llegar cuanto antes que ya iba haciendo hambre, es una lástima que el último tramo no lo disfrutáramos como se merece, pero así tenemos excusa para volver.
Aún el destino nos deparaba una sorpresita, un grupito de valientes, o mejor de hambrientos desesperados tomaron la cabeza del grupo y se pasaron de largo el desvío que había que coger para hacer un pequeño trasquilón y evitarse 20 minutos de caminata. Fue gracioso verlos darse la vuelta porque el río encañonado no les permitía continuar por ese camino. La solución fue fácil, además vino bien ya que así pudimos reagruparnos de nuevo, subir la ladera otra vez e ir por arriba. Como llevábamos un considerable retraso, no pudimos contactar con el grupo de padres, lo normal es hacer esa ruta en 2 horas y media o 3 y nosotros estábamos llegando al puente de Villa Seca a las 4 y media, o sea, 4 largas horas de caminata. Para lo que a algunos fue un agradable paseo para otros fue un maratón, pero al final todos lograron el objetivo y como premio estaba esperándonos Antonio, el padre de María, con una copiosa y sabrosa comida, de la que se dio buena cuenta en un abrir y cerrar de ojos. La vuelta al hotel en el bus fue de lo más amena, creo que solo había 4 personas que tuvieran los ojos abiertos, el efecto cenicero nos había invadido, cabezas hacia atrás con la boca bien abierta y haciendo gorgoritos.
Un par de horitas de esparcimiento, un chocolate, un café, una buena siesta o una charla en la chimenea, cada uno se distribuyó como quiso, que raro, una actividad Topodiving y con ese tiempo libre de relax... Bueno eran las 19:30 y otra vez bien abrigados a seguir andando, pero ahora algo más tranquilo, visita por las callejuelas de Sepúlveda, de nuevo otra procesión que iba espantando el silencio reinante que existía por los lugares que pasábamos, alguna de las puertas de piedra principales del pueblo, la plaza, y la subida a la iglesia mirador en la picota de la aldea fueron nuestros destinos. Camino de vuelta al hotel parada reglamentaria de las marujas en una pedazo tienda de antigüedades campesinas, eso si, la tarjeta de crédito no fue paseada, mirar y desear mucho pero comprar, poco. Las únicas compras fueron algunos bollos típicos del lugar en la plaza. A las 22:00 ya estábamos otra vez moviendo la mandíbula; revuelto de setas o sopa castellana, salmón, albóndigas o hamburguesas y de postre un ponche con helado, menudo recuperador de calorías, especie de tarta de mazapán con crema y bizcocho, bueno, los afeminados pidieron fruta.
Y llegó la entrevista con el vampiro, que no era otra cosa que una serie de preguntas, alguna de ellas un poco comprometida, que se iba haciendo a todos los que pasaron por el tribunal, primeramente todos los chicos, sentados alrededor de una chica y con la cámara grabando para presionarla un poquito. Una vez que pasaron la mayoría de las voluntarias se hizo a la inversa y las chicas fueron las que rodearon uno por uno a los chicos a los que no les había vencido aún el sueño. Obviamente las grabaciones de esas entrevistas están a buen recaudo y serán usadas cuando Topodiving considere oportuno. La cuestión es que nos reímos bastante haciendo dichas entrevistas y se nos hicieron las 3 de la madrugada casi sin darnos cuenta.
A la mañana siguiente, tras el éxito cosechado en la mañana anterior, volvieron a visitarnos los graciosos animadores que fueron contratados para el sábado y ante el jubilo del grupo procedimos a degustar otro pantagruélico desayuno y eso que ya no quedaban por hacer grandes caminatas. Ya solo nos quedaba visitar la cueva de los Enebralejos, en el cercano pueblo de Prádena. Aunque hubo una pequeña desbandada general que no estaba prevista, el único que había dicho que no vendría a las cuevas era Reyi, que tenía partido de fútbol a las 11, el clan de los Jotas y los Cepes tomaron camino a Madrid a la par que el resto nos íbamos a las cuevas y María que estaba liada... o harta de nosotros tampoco pudo venir. El caso es que la efusividad de la despedida, entre agradecimientos varios a la familia Benito por habernos tratado tan bien nos hizo salir con un poco tarde y llegar a la cita de la cueva con 10 minutos de retraso, entre eso, y que nos miraron un poco raro por ser 17 cuando habíamos dicho que éramos 25, pensábamos que el guía iba a dejarnos abandonados en la mitad de la cueva. Luego me dijo que como habíamos pagado por 25 que como si hubiéramos ido 3. Que no se diga que Topodiving no va de sobrao, regalando pasta por doquier.
Al final tuvimos que compartir visita con un grupo de desconocidos a los que les vino bien nuestras ausencias y adentrarnos en las entrañas de la tierra para pasar casi una hora muy entretenida en la cueva donde nuestros ancestros depositaban a sus muertos otrora. Como siempre ofrecimos un pequeño sacrificio de sangre a los dioses, Dino, se encargó de hacer un espectacular remate de cabeza a una incipiente y malintencionada estalactita que intentaba detener nuestro camino. Un ligero cortecito para Dino y un escarmiento para las formaciones rocosas... que sepan quien manda aquí.

Menudo frío, con ventolera incluida, para despedirnos en la puerta de la cueva, eso hizo que la larga hora que se suele invertir en este tipo de capítulos quedará reducida solo a media hora. Cada uno se metió en su coche y emprendió la marcha de vuelta a los madriles. En general un buen fin de semana, que esperamos que haya sido del agrado de todos y que podamos repetir más adelante si los Benito nos dejan y más sabiendo que Sebastián, el recepcionista del hotel que fue forestal del cañón muchos años, me ha prometido llevarnos a los rincones del lugar que no conoce nadie. Yo con que me lleve a algún nido para coger un par de huevos y hacerme una buena tortilla de buitre... tranki Tere que es broma. HASTA LA PRÓXIMA.