Pues la celebración de los 25 años de las Oceánicas ha pasado a la historia.
No es la primera vez que cruzamos el charco, pero desde que son familiares si
que lo ha sido y eso ha generado un esfuerzo económico importante que ha imposibilitado
que el número de asistentes fuera muy elevado, una pena para los que queriendo,
no han podido asistir. Pero aquí estamos ya de vuelta y con el tedioso jet lag
del regreso supuestamente sobre pasado.
Como siempre, la primera premisa de los viajes se ha cumplido, hemos regresado
todos sanos y salvos y lo único reseñable es la cantidad de sangre donada contra
nuestra voluntad a los cariñosos mosquitos de Los Cayos y Florida City, que
salvo a Marga, nos recibieron con júbilo e inusitada alegría. Si yo fuera Marga,
no estaría tan feliz de no haber sido picoteada por doquier, debería reflexionar
sobre la razón por la que los mosquitos no quieren ni tocarla, será brujería?,
el caso es que no quiso confiarnos su secreto y el resto, unos más y otros menos,
fuimos cruentamente agujereados.
Mucha humedad, calor, mucho calor, sol, lluvia, tormentas, hemos tenido de
todo, pero no nos ha pillado de sorpresa, sabíamos que veníamos a eso. No me
extraña que cuando los guiris vienen a nuestras latitudes se quieran quedar
por aquí disfrutando de nuestra más tranquila y benévola climatología. Aunque
lo mismo también tiene algo que ver la dificultad que hay allí para conseguir
cerveza, pero sobre todo el precio, por lo que allí te tomas una en España te
tomas 5 y no es una exageración.
Hay una cosa que esta clara, no hay mejores vendedores de humo en el mundo
que los yankees. Venden su producto como si fueran auténticas maravillas, pero
cuando estas allí y lo compruebas en primera persona y lo comparas con otros
lugares del mundo, incluida nuestra propia tierra, te das cuenta de lo vende
motos que son y que no es tanto como dicen y no lo digo solo por la visita de
este año, si no también por las realizadas anteriormente. Eso si, como hemos
tenido y tenemos de allí tantas vivencias por el cine y la televisión que cuando
transitas por sus ciudades te crees un actor de sus películas y estas atento
por si hay un tiroteo o una persecución de coches o si un poli chulesco de botas
negras y gafas de sol te va a pedir los papeles en cada semáforo.
Para terminar el preámbulo pudiera parecer que no recomiendo este destino,
pero no es así, es un lugar que hay que visitar por lo menos una vez en la vida
y más por lo peculiar que es el estilo americano, eso si, lo mismo que hay países
que no me importa repetir una y otra vez, en este caso con una visita es suficiente,
o lo que es lo mismo, veo harto complicado que Topodiving regrese por allí.
Jueves 30 de julio
La tecnología tiende a intentar hacer todo rápido y en el menor tiempo posible,
pues en los aeropuertos es todo lo contrario, es tremendo, cada vez necesitas
más tiempo de antelación para poder coger tu vuelo, hasta 4 horas antes te piden
que estés. En fin, que es un mal menor inevitable si quieres conocer otros confines
de la tierra y sin incidencias reseñables y sin casi retraso nuestro vuelo estaba
saliendo en hora e incluso llegando a destino 5 minutos antes, vamos lo mismo
que el año pasado en Azores que fue un completo calvario retraso-aéreo.
Que alegría da cuando en un grupo, aunque sea pequeño, todo el mundo sale de
la cinta con todas sus maletas y sin pérdidas. Siguiente escalón del programa,
recogida de coches y primer desorden de la planificación, Avis Europa te dice
una cosa y Avis EEUU te lo cambia por completo y lo que tenía que ser un sistema
de pago de peajes de no más de 50 euros se convierte en 150. Pero vamos, que
en todo el país la sensación vampírica de que quieren succionarte la pasta a
espuertas se tiene desde que aterrizas hasta que te vas.
Los coches están bien, grandes, espaciosos y automáticos, detallito que a Gelen
neófita en su uso la tenía un poco aterrada al principio, pero luego comprobó
que no era para tanto y se hizo rápidamente con el sistema. Otra cosa ya es
la circulación por aquellas autovías, es un horror, allí no se puede uno quedar
dormido y las pipas han vuelto casi sin tocar, o estas atentísimo o coges una
desviación que no es la correcta, llegando a un punto hasta 6 posibles salidas
se te presentan y el GPS no creas que te lo deja muy claro, o te dice que sigas
por esa carretera durante 50 millas y resulta que en ese tramo te tienes que
desviar 4 veces. De las autopistas más difíciles de conducir que he experimentado
en mi vida viajera.
Después de un viajecito de aclimatación de una hora para salir de Miami, llegamos
a nuestro hotel en Florida City, es muy curioso y es el típico americano donde
dejas el coche aparcado en la misma puerta tipo motel y en la recepción tienes
una máquina de hielo para servirte a capricho. Aunque para nuestro cuerpo ya
es de madrugada, dejamos las maletas y hacemos nuestra primera visita al supermercado
Walmart para hacer la compra, que demora algo más de tiempo por el tamaño y
por el desconocimiento de la localización de los productos. Estamos dando con
nuestro huesos en la cama a eso de las 3 o las 4 de la madrugada española, no
sin antes haber sufrido el primer ataque encarnizado de los putos mosquitos...
si, he dicho una palabra malsonante, pero es que la merecen con creces.
Se me olvidaba, después de muchos años han debido atrapar al delincuente que
se llamaba como yo porque por primera vez he entrado en territorio estadounidense
sin pasar por el cuartito de inmigración. Puerto Rico no cuenta que de USA tiene
poco.
Viernes 31 de julio
El cielo y el infierno, es la sensación que tienes por aquellas tierras, se
hace pertinente llevar siempre preparada la manga larga a pesar del calor y
no solo por los terribles mosquitos, porque en cualquier sitio que entras se
agradece el bofetón de frío glaciar, pero pasado el primer minuto empiezan a
castañearte los dientes. Como era el primer desayuno en el hotel todos pasando
frío, algo que se remedió a partir de ese momento, aunque luego en la calle
resultará extraño verte con el forro polar anudado a la cintura.
Durante el desayuno, Inés y Gelen aparecieron un poco tumefactas facialmente,
la versión oficial fue que los mosquitos habían hecho una fiesta en sus caras,
pero las malas lenguas dicen que Rocky Balboa y Apolo Creed resucitaron sus
disputas y bajo la supervisión de la jueza de ring Ana, que tenía la cara totalmente
indemne, las otras 2 se cosieron a guantás, prueba de ello la foto adjunta donde
pueden verse los párpados voluminosos de las contendientes... no, no era una
operación exprés de botox, pues en un par de días esos párpados volvieron a
su estado original.
Algo desbaratados por el jet lag empezaba nuestro primer día americano en el
parque John Pennekamp Coral Reef que me habían recomendado en varios sitios.
Pues si eso era lo más recomendable ya en la entrada fuera del continente en
los propios Cayos apaga y vámonos. Ilusos de nosotros pensábamos pasar allí
casi todo el día de forma tranquila paseando por sus senderos y bañándonos en
sus playas y al final terminamos anticipando las visitas de la tarde a la mañana
para no estar mucho tiempo por allí. Muy bonita la vida silvestre y los animalillos
y aves que te vas encontrando; lagartos, iguanas, tortugas, etc, pero fuera
de eso los senderos son intransitables, son bonitos si, pero son pasarelas de
carne como las de Mercamadrid, pero en este caso los expuestos éramos nosotros
y los clientes no esperaban a llevarse su porción de carne elegida a casa y
la consumían allí mismo. Y para colmo llamarle a aquello playas era como para
ponerles una demanda como les gusta tanto hacer por allí. Ya de entrada los
carteles repartidos por todas partes informando de la presencia más que habitual,
algo que pudimos constatar, de caimanes ya hacía zozobrar la idea de meterse
en el agua, pero si a eso le unes el acumulado portentoso de algas en la orilla
pudriéndose al sol y dejando un aroma de dudosa catadura lo de bañarse quedó
radicalmente descartado.
A las 12 nos dividimos en 2, por un lado los que no se querían meter en el
agua y fueron al barco de fondo de cristal para dar un paseito de un par de
horas por el arrecife y por el otro los que íbamos a hacer apnea. La verdad
es que fue lo que más mereció la pena del parque ya que al alejarnos de la costa,
el agua apetecía mucho más y junto a la buena temperatura y la visibilidad pudimos
darnos un interesante paseo viendo mucha vida de arrecife, aunque aquí también
el grupo volvió a dividirse y a algunos los vimos solo al saltar y luego al
volver a subir al barco. La que no se desgastó mucho remando fue Amelia, que
directamente se quito las gafas y pasó de mirar a los bichos para disfrutar
como una reina mecida por las olas con su chaleco de flotabilidad, se pegó un
siestón de los gordos.
Tras sendos barcos hicimos un picnic a la sombra con lo comprado el día anterior
en el Walmart. La Organización advirtió claramente que se trataría de un simple
picnic, pero debemos tener algunos integrantes en el grupo que estuvieron en
las hambrunas de la Guerra Civil, porque su picnic rayaba más en el buffet libre
que no el recomendado simple refrigerio.
Como nos habían sobrado unas horas por el recortado paso por el parque, por
la tarde nos dio tiempo a siestecita, baño en la piscina del hotel y paso por
uno de los primeros macro Oulet que visitamos por el camino, cierto decir que
esté primero fue el que tenía los mejores precios de los que visitamos posteriormente
y quien más y quién menos salió de allí con bolsitas. Como la comida para algunos
había sigo frugal, la cena la hicimos en el Golden Corral, que era un buffet
libre donde por 20 dólares podías comer hasta reventar y sorprendentemente la
comida estaba bastante buena, lo que hizo ver comer a la gente, que dice que
normalmente no cena, y ponerse las botas amontonando platos sobre la mesa.
Sábado 1 de agosto
No hay nada mejor para viajar en grupo que hacerlo en autobús, porque cuando
se hace en coches, al final cada uno termina yendo a su bola, algo que si hubiéramos
evitado de principio nos hubiera ahorrado una funesta consecuencia al final
del viaje. En esta ocasión hubiera sido más sencillo siendo solo 3 coches el
ir agrupados en todo momento de principio a fin, pero no se dio el caso y el
que tenía ya el coche cargado decidía irse directamente al destino al disponer
de las coordenadas, aunque yo estuviera en otra zona del parking esperando a
estar todos para salir juntos. Incluso llevando walkis para coordinarnos. En
el primer día eso no ocurrió, pero ya en el segundo día se empezó con esa dinámica
y en los destinos de ese día cada uno llegó al punto fijado por un lugar diferente
y aparcando también en sitios diferentes. Bueno normalmente Gelen que es muy
obediente no se separaba con su coche de la trasera del mío por indicaciones
expresas mías, cuantos menos coches se metieran entre nosotros mucho mejor.
El primer sitio que visitamos era una especie de Rastro a lo bestia, con un
mercado de frutas y verduras muy interesante para ver y probar un montón de
productos diferentes a los que vemos en nuestros mercados, al lado una amalgama
de puestos tipo mercadillo vendiendo de todo se extendía por todas partes y
para rematar puestos de comida, casi todos del mismo tipo. Interesante, pero
bueno tampoco daba para estar allí muchas horas y una parte del grupo decidimos
regresar a la piscina del hotel.
Para comer visitamos el Rober is Here, otra vez cada uno llegando por un camino
diferente, otra peculiar tienda de frutas y verduras donde tú puedes hacerte
los batidos que quieras con lo que quieras o pedir de los que tienen preestablecidos.
Allí probamos el primero de los varios bocadillos cubanos que procesamos durante
nuestra singladura. Ninguno fue igual al anterior, es como nuestro gazpacho,
en cada sitio te lo ponen de diferente manera.
Por la tarde nos fuimos a visitar el centro de interpretación de Cayo Bizcayno.
Amenazados por la incipiente tormenta eléctrica con unos truenos de grueso formato
no nos quisimos alejar mucho en el paseo de pasarelas de madera sobre el manglar
y no tardamos mucho en guarecernos en la sala de vídeos del centro y ver un
documental al fresquito, aunque más de uno ya podéis imaginar para que lo aprovechó.
El siguiente punto era un sendero que salía de un puerto deportivo donde luego
íbamos a cenar, pero una vez comenzado el sendero los integrantes iban desapareciendo
y dándose la vuelta y antes de comenzar la lengua de tierra que nos introducía
en el mar alejándonos de los mosquitos, me vi tristemente solo y para seguir
esquivándolos, que se lanzaban hacia mi cual avión Zero japonés kamikaze, también
reculé para vergüenza de la indumentaria a la que representamos. Tal fue la
desbandada que ni a cenar quisieron quedarse y se dio el día por concluido.
Domingo 2 de agosto
Comenzaba un largo día, pero uno de los importantes del viaje, el recorrido
completo por la panorámica carretera de los Cayos hasta el final en Cayo Hueso.
En general la carretera es curiosa porque en muchas ocasiones solo tienes el
puente que va por el mar y cruza de isla en isla, que a la postre los Cayos
es lo que son, una sucesión de islas. Es sorprendente que aún mantengan las
ruinas de los antiguos puentes de la anterior carretera que deshabilitó un huracán
hace 60 años. Esas zonas son de paso restringido porque su estado es poco propicio
para pasearlos, salvo las zonas que si han recuperado para los ciclistas y los
viandantes.
La primera parada fue una turistada donde por 2 de entrada y 5 dólares te dan
un cubo con 5 pescaditos para que vayas al muelle y se los eches a los tarpones
(abstenerse los graciositos de las rimas), unos peces enormes tremendamente
voraces que salen del agua de un salto para quitarte de una dentellada el pescado
de las manos. Habiendo por la zona no apareció ningún pelícano y tampoco compareció
ningún manatí, pero bueno fue entretenido y en breve continuamos camino para
volver a parar en una supuesta playa que estaba recorrida por una pasarela de
madera con chiringuitos para hacer tu propio picnic incrustados en el manglar
y con escaleras de acceso al agua, una pena que ocurriera lo mismo que en el
parque del primer día, todo lleno de algas pudriéndose. Aunque de haber estado
sin algas y aguas cristalinas lo de bañarse con caimanes es deporte de refresco
de alto riesgo. Aunque por allí eso parece que lo ven algo normal.
Siguiente parada, breve paseito por el puente antiguo paralelo a la carretera
nueva, donde se han rodado varias películas, el Old Seven Miles. Y de allí ya
del tirón hasta Cayo Hueso, la ciudad más interesante de los Cayos, pero antes
de pasear por su centro nos fuimos a la playa de Fort Zachary donde si entras
con el coche no te dejan salir andando y si no vuelves a salir con el coche
te prohíben la salida. Aunque me adelante a las posteriores playas de Miami,
aquí fue el único lugar aceptable para darnos un baño en la playa, aunque el
agua era caldo puro y no servía de mucho si lo que buscabas era refrescarte,
sensación que solo tenías si al salir del agua hacía algo de viento. Aunque
pretendíamos comer en el pueblo, la imposibilidad de salir de allí andando nos
hizo comer en el único chiringuito de comidas que había en la playa. Ya lo sabía
de antemano, pero lo refrendamos por la tarde cuando un aparcamiento en el centro
nos costó más de 6 euros la hora, por eso no querían en la playa que la gente
dejará allí sus coches y se ahorrara un pastizal. El centro histórico se hace
atractivo, aunque como siempre hay una invasión de tiendas de souvenirs para
turistas y multitud de hostelería típica americana. Y el calor mitigado con
un buen barreño de helado se hace soportable. Aunque a los que no se les iba
el sofoco era a dos individuos en motos de agua intentando que no se les hundiera
una tercera moto que cada vez tenía menos pinta de mantenerse a flote.
Y atardeciendo cogimos el camino de regreso con idea de hacer una buena parada
y ver como se ocultaba el sol, pero una vez más la climatología no quería venirse
a razones y las inmensas nubes taparon cualquier atisbo de vislumbrar los famosos
atardeceres de Los Cayos. De nuevo parte del grupo no quiso cenar y anticipó
su regreso al hotel. Los que nos quedamos rememoramos las hamburguesas del extinto
en España Wendys, que allí hay por todas partes y poco después de subirnos al
coche, tormentón de la leche, que hacia retumbar nuestros oídos y aguacero que
nos dejó los vehículos bien limpitos.
Lunes 3 de agosto
Siguiente día con uno de los motivos de venirnos hasta tan lejos, los famosos
Everglades. No hemos podido recorrer todo el parque nacional porque desde enero
el señor Trump decidió que además de la entrada habitual al parque los extranjeros
paguemos 100 dólares. Por lo que hemos diseccionado la visita y hemos ido primero
a la parte del parque nacional que no hay que pagar y por ello la ausencia de
turismo era completa y los paseos realizados por pasarelas, caminos y centros
de interpretación eran casi en exclusiva para nosotros. A posteriori hemos comprobado
que hemos visto muchos más caimanes y tortugas fuera del parque que en la visita
dentro del parque.
Marcos tiene un ojo tremendo para los caimanes, no se le pasaba ni uno, en
unos 100 metros de pasarela de madera por encima de un canal nos descubrió tres
o cuatro, pero obviamente tuvimos que hacer la visita matinal bien tapaditos
pues los mosquitos en los Everglades ya os podéis imaginar. En cada parada que
hacíamos con el coche que había algún remanso de agua era raro el que no tenía
un caimán titular de la plaza, alguno incluso de más de 2 metros de longitud
y bastante activos, no el típico que se queda momificado al sol y parece de
cartón piedra. Tras recorrer un par de pistas de tierra muy pintorescas con
todo tipo de bichitos y no solo de los dientudos, en un tramo de carretera tuvimos
que reducir muchísimo la velocidad para evitar el aplastamiento de cientos de
cangrejitos que la cruzaban desafiando a los pocos cuatro ruedas que pasaban
por allí.
Era hora de ir a la estrella del día, que era el paseo en barco deslizador
por dentro de los pantanos del parque nacional. Lo hemos visto en tantas películas
que estábamos deseosos de experimentar la sensación. Como todo lo que se espera
mucho pues estuvo bien, pero esperábamos algo más de adrenalina y velocidad,
aunque cada vez que el barco derrapaba deslizándose en los meandros era espectacular.
Estuvo entretenido, pero seguramente si pagas el triple y coges un barco y un
guía privado las sensaciones serán diferentes. Ya que durante el trayecto no
vimos caimanes, en el recinto de los barcos tienen un espectáculo posterior
con un guarda parque muy pausado y entretenido que incluso aún en inglés nos
hizo pasar un rato divertido enseñándonos varios animales y como no, unos pedazo
de caimanes que parecían cocodrilos por su tamaño.
De allí nos fuimos a comer a un restaurante especializado en comida de la zona,
carne de caimán y ancas de rana. Ante la reticencia de algunos, la mayoría probamos
las delicias del lugar para poder opinar con conocimiento, pero quién lo iba
a decir, lo sorprendente y más rico de allí fueron las patatas fritas de acompañamiento,
una auténtica ambrosía y crujientes del primer minuto al último. La camarera
nos dijo que el secreto era echarle al aceite manteca blanca de cerdo que es
lo que las hace bien crujientes. Eso si, a pesar de los grandes ventiladores
y que acababan de fumigar tuvimos que salir rapidito de allí pues los mosquitos
no te daban tregua. Regresamos al hotel para una tarde de piscina y asueto y
para preparar el equipaje pues al día siguiente había que madrugar para irnos
de allí a Orlando.
Martes 4 de agosto
Por fin, escapamos de los putos mosquitos, pues a medida que subes hacia el
norte van decreciendo. Los malnacidos todavía estarán echándonos de menos tras
abandonarlos sin piedad alguna. Tras un tráfico intenso para cruzar Miami al
coincidir con la hora de ir a los trabajos de la gente hacemos una parada para
estirar las piernas en una playa en la que el parking le cuesta a alguno dar
alguna vuelta de más para llegar.
Allí, separamos caminos y los que vamos a un parque acuático de Disney continuamos
ruta directa hacia Orlando. El resto más de secano se van acercando al norte
yendo a Vero Beach, una de las playas más famosas de Miami, donde les he buscado
el restaurante aparentemente más interesante de la zona, por vistas al mar,
precio y comida, pero supongo que hartos de las directrices organizativas deciden
ignorarlo y se quedan en el primero en el que les ha cuadrado tomarse una cerveza
y lo que podría haber sido un mix de comida y playa se queda exclusivamente
en no salir del aire acondicionado del primer local y del segundo donde se van
a tomar el café, que finalmente es el que les recomendé para comer, algo es
algo. De haber sabido que la playa les era indiferente y que no la iban a pisar
no les hubiera mandado hasta allí y les hubiera recomendado otro lugar más directo
hacia Orlando y se hubieran ahorrado hacer unos 50km de más. Hubo un conato
de insurrección a una de las máximas de Topodiving de que cada uno pague lo
que consuma, nada de escotes, pues las diferencias de lo bebido y comido suelen
ser significativas y no es justo un reparto equitativo del dispendio a abonar,
aunque sea más coñazo a la hora de pagar. Menos mal que una asidua y sabedora
de esa máxima como Marga puso los pies en la tierra y cada uno, como Dios manda
y Topodiving aconseja, pagó lo suyo.
Los primeros en llegar a Disney tuvimos que hacer un cursillo casi, para poder
hacer todas las gestiones de entrada y búsqueda de las habitaciones dentro de
nuestro mastodóntico hotel y todo a la carrera para poder aprovechar la visita
que teníamos incluida a uno de los parques acuáticos de Disney. Carreras que
no nos sirvieron para nada, porque nada más ponernos el bañador y meternos en
el agua a la espera del comienzo de las olas artificiales en la piscina nos
obligaron a salirnos porque a 9 millas de allí habían detectado un rayo. Dos
horas después por fin pudimos disfrutar de algunas de las atracciones, aunque
otra vez a la carrera para llegar a tiempo de coincidir en la recepción del
hotel con la llegada de los de secano.
Ya reunificados de nuevo y todos alojados nos fuimos a visitar el coqueto pueblo
de Celebration donde pudimos babear un poquito viendo las espectaculares mansiones
que por allí se gastan, incluso Elena nos enseñó la suya que era completamente
rosa. Aunque realmente lo que más nos impactó fue el paseo por su lago central,
que parecía más un estanque como el nuestro de El Retiro, donde un lugareño
estaba pescando en las escaleras tranquilamente y debía poner de cebo jamón
5 jotas, pero del bueno bueno, porque cada vez que tiraba la caña sacaba un
pez, aunque realmente no eran muy grandes. Normalmente los devolvía al agua,
pero de vez en cuando alguno de ellos, para su infortunio, era arrojado a la
derecha y allá nuestra sorpresa fue que se los echaba a un pedazo de caimán
que estaba allí tranquilamente reposando cual lindo patito tomando golosinas.
Nos fuimos de esta linda población a cenar a una feria de Food Truck permanentes
ya que cualquiera de los restaurantes de Celebration nos hubiera resquebrajado
la credit card. El caso es que el paseo entre los camiones para decidir que
comer duró poco porque se puso a jarrear y tuvimos que guarecernos en un restaurante
congelador de las inmediaciones que estaba a cubierto. En mi caso tuve que cenar
un poco húmedo porque mientras yo me quedé dando vueltas por el recinto buscando
a todos para avisarles de que nos íbamos al restaurante de en frente, los que
no encontraba se habían ido allí ya directamente.
Otro paseito por el Walmart antes de acostarnos y a prepararnos para la visita
al día siguiente al Magic Kingdom.
Miércoles 5 de agosto
De nuevo separación del grupo, los más dormilones deciden ir al parque más
tarde y los ávidos de circo y adrenalina se ponen los primeros en la cola del
bus que te lleva del hotel hasta la misma puerta del mítico y primigenio parque
Disney Magic Kingdom. No podemos ir con el coche porque es una odisea llegar
con él ya que el parking está a kilómetros de la entrada y tienes que coger
un monorail o un barco que te acerque. Como los horarios de comienzo de los
buses es un cachondeo Almu y los chicos que estaban ya en la cola se suben al
primer bus y el resto vamos en el segundo, ya no nos veremos hasta la cola de
la primera atracción que es la montaña rusa de los 7 enanitos. Hay que pasar
varios controles para acceder al parque y en uno de ellos un vigilante se encariña
con Ana y le hace una revisión completita de arriba a abajo hasta que permite
su acceso y de allí a recorrerse el parque entero hasta llegar a la primera
cola de reunificación del grupo. Menos mal que estábamos de los primeros porque
en unos minutos se formo una cola monumental de 2 horas y eso que el parque
abre una hora antes en exclusiva para la gente que duerme en sus hoteles. Para
colmo la atracción tarda en abrir por problemas técnicos, pero allí se queda
para ellos una buena colección de improperios.
Al cabo de un rato vuelve a juntarse el grupo entero incluyendo a los dormilones
para que tengamos una visualización privada, en el cine estábamos nosotros solos,
como lo acababan de abrir aún no había nadie. Una peliculita 4D del Pato Donald
donde lo perrean un rato mientras te salpican de agua, de aire, etc.
Supongo que cuando el parque abrió por primera vez y fue el más novedoso del
mundo la gente alucinaba con él, pero con el paso del tiempo y de la construcción
de nuevos parques por todo el mundo, más nuevos y vanguardistas, pues el Magic
Kingdom se sostiene por la supuesta magia de los personajes Disney y la fiebre
que le produce todo aquello a las hordas de gente que lo visitan, porque por
lo demás, por lo carísimo que es para lo que te ofrecen, produce estupor y escándalo.
Otra cosa es ver como allí si no vas vestido de mamarracho con cualquier cosa
de la mercadotecnia Disney eres un bicho raro. Para los niños seguirá quedando
algo de esa magia, pero para los mayores la sensación de que eres solo un candidato
a sacarte hasta el último dólar que lleves está patente en todo momento. Para
que os hagáis una idea el pin más barato cuesta 15 dólares y de ahí para arriba.
Unas orejitas diadema de Minnie en el parque son 40 dólares y esa misma diadema
en el Walmart te sale por 10. Los restaurantes normales son también carísimos
porque al igual que en todo EEUU los precios tienen trampa, si tú ves que una
hamburguesa te cuesta 20 dólares, no es cierto, cuando la pagas le suman las
tasas y las brutales propinas que te dan a elegir desde el 16 al 32% de lo que
hayas pagado, o sea que la hamburguesa que pensabas que te ibas a comer por
20 te cuesta 30 dólares. Lo sorprendente era que los restaurantes rápidos que
tenían muy poca variedad y es la típica comida de parque, comparativamente no
eran tan caros como el resto de las cosas y al final nos decantamos por estas
opciones en vez de ir todo el día cargando con tu propio picnic.
Pero aunque sea triste decirlo, lo mejor de todo el parque eran los pases rápidos
para saltarse las interminables colas. Más de uno del grupo pasaba de la atracción
en si, su goce y disfrute era el momento de saltarse colas de una o dos horas
dando vueltas y vueltas en mareantes pasillos. Hay 3 modalidades, la primera
para ricos pagando, aparte de la entrada al parque, 400 dólares y con esa no
tenias limitación ni preocupación alguna, podías montarte en todo a la hora
que quisieras y las veces que te apeteciera. Luego estaban los pases para las
atracciones principales, una o dos por parque, que para esas tenías que pagar
unos 20 dólares por saltarte la cola y luego estaba el que usamos nosotros,
tambien de pago, que era el que tenías que ir gestionando por una APP y que
te iba diciendo los horarios disponibles a los que podías acceder a determinadas
atracciones, aunque era bastante coñazo, porque hasta que no terminabas de hacer
la atracción, no te salía la posibilidad de apuntarte a la siguiente. Y eso
si, para comprar las 2 últimas comentadas tenías conectarte a la APP a las 7
de la mañana de ese mismo día para comprarla y si te despistabas 5 minutos,
se agotaban de inmediato. En fin que para ir a Disney necesitas antes hacer
un Master para entender como funciona aquello porque si vas del tirón te morirás
haciendo colas.
El cielo nos respetó casi todo el día, pero como allí es casi imposible que
un día entero esté sin llover, se nos fastidió el espectáculo final de fuegos
artificiales en el famoso castillo Disney y nos fuimos entrada la tarde hacia
nuestro hotel, ahorrándonos tener que ir a coger sitio una hora y media antes
para poder ver los fuegos desde el frontal del castillo.
Jueves 6 de agosto
Segundo día Disney y segundo parque, en esta ocasión el Hollywood Studios.
Por fortuna aquí si pudimos venir al parque en nuestros coches y aparcar relativamente
en la puerta el grupo entero a la vez. El comienzo otra vez como el día anterior,
hay que ir rapidito a por la primera atracción para tener la menos cola posible
por la deferencia que tenemos de entrar una hora antes que la hora oficial del
parque. Por la diferente velocidad para llegar a la cola de la atracción estrella
de Star Wars el grupo volvió a dividirse y la diferencia solo de unos pocos
minutos daba como resultado que los primeros entramos casi nada más llegar y
los siguientes media hora más tarde, pero por fortuna en este parque, aunque
nos separamos de vez en cuando, el tener la obligatoriedad de tener horarios
fijados por el pase rápido para todo el grupo hizo que coincidiéramos la mayoría
del tiempo. Por cierto, muy buena esta primera atracción de Star War Rise of
the Resistance, nos gustó tanto que incluso por la tarde volvimos a repetir
aceptando hacer una cola de media hora.
Lo malo de este día es que estuvo lloviendo casi todo el tiempo, algo que no
suele ocurrir, allí te cae un chupón de agua y a la hora luce un sol de justicia,
pero eso no pasó y fue un coñazo de ir quita y pon con los chubasqueros y por
ejemplo la representación de Indiana Jons fue cancelada para todo el día. El
resto de atracciones que teníamos en nuestra hoja de ruta si que pudimos hacerlas,
el pase rápido, aunque muy trabajoso de gestionar, si lo sabes hacer, te facilita
mucho todo. Cansados de tanta agua tampoco nos quedamos al espectáculo final
de cierre y preferimos irnos al nuevo hotel ya fuera de los prohibitivos Disney,
porque tocaba ir a la NASA al día siguiente y volvíamos a madrugar.
Viernes 7 de agosto
Otro plato fuerte del viaje y este si que no decepcionó y creo que cumplió
con las expectativas que teníamos creadas. Un viajecito de 100 kilómetros y
allí estábamos, los 11 juntitos en la cola de entrada al Kennedy Space Center
mirando de reojo al cielo con unas nubes negras encima y unos truenos que vaticinaban
una buena mojada antes de que abrieran las puertas, pero por fortuna fue ponernos
todos los chubasqueros posibles y la tormenta pasarnos de ladillo. No me imagino
en España antes de abrir la visita a la Alhambra poniéndose todo el mundo mirando
a la bandera de España, quitándose la gorra y algunos mano al corazón y escuchando
con sumo respeto el himno nacional. En EEUU eso es lo habitual y solo entonces
es cuando abren las puertas y rapidito de nuevo para poder coger el primer bus
que te hace el recorrido por las instalaciones y te lleva a una antigua plataforma
de lanzamiento, ahora museo con pantallas para que construyas tu propio cohete
y lo puedas lanzar para ver si explota o consigue salir de la órbita terrestre.
Allí hicieron también una recreación donde te pones debajo de una turbina motor
para que imagines lo que se siente en un lanzamiento real.
La visión del cohete Apollo/Saturn completo en una nave enorme es espectacular
y te haces cruces de como unos locos se ponen en la punta para que los lancen
por los aires a toda leche. Allí te cuentan todas las misiones Apollo que se
realizaron y hacen especial mención al Apollo I donde todos sus ocupantes terminaron
dejando allí su existencia. De allí el bus te lleva a ver la nave dedicada en
exclusiva a la lanzadera Atlantis, igual de espectacular, incluso tienes la
posibilidad de sentarte en un simulador para sentir algo aproximado de lo que
es un lanzamiento, a alguno todavía le está retumbando la cabeza del cimbreo.
La idea era no comer allí e irnos a hacerlo a la famosa Cocoa Beach, pero la
climatología no llamaba a tener tarde de playa y finalmente nos quedamos a comer
en la NASA. Curioso, con la bebida te dan un vaso para que hagas refill y rellenes
cuanto quieras en las máquinas. 8 tipos de refrescos para que bebas lo que quieras
y cuanto quieras, pero no te dan agua normal y si quieres agua tienes que comprarla
aparte, eso si, te dan una botellita muy chula que los que cogieron agua terminaron
llevándosela a casa.
El Kennedy tiene muchas más atracciones y podrías estar allí un finde entero,
además de lo comentado hicimos 2 viajes con asiento movible y gafas que nos
llevó por Marte y por muchas de las Constelaciones que fue muy del gusto de
la concurrencia.
De viaje de regreso pasamos aunque solo fuera por verla a Cocoa Beach, donde
pudimos contemplar un par de puestas de tortuga protegidas con palos y cintas
y pudimos confirmar que hicimos bien en alargar NASA y no ir allí porque el
mar estaba muy levantado y no invitaba a bañarse, además de las habituales algas.
El día terminó regresando a otro pedazo de Oulet ya en Orlando de nuevo, donde
los dados al consumismo pudieron dar rienda suelta a sus instintos, hasta yo
claudiqué, que ya es raro. En este viaje es la primera vez que no he oído lo
de... es que no das tiempo para compras... Eso si, lo de los Oulet es otra engañifla,
es cierto que en las entradas de las tiendas te ponen las sobras a unos precios
muy atractivos y si coincide que algo te queda bien entonces te llevas premio,
pero cuando te vas a los otros estantes que incluso te dicen que están al 50%
de descuento los precios ya son tan elevados como en las tiendas normales.
Sábado 8 de agosto
Tercer día en un parque Disney, le tocaba al Aminal Kingdom del que menos esperábamos,
pero que nos sorprendió gratamente por su ambientación y construcciones, centradas
sobre todo en Avatar. Al no estar ya durmiendo en un hotel Disney con acceso
previo y no tener pases rápidos esta vez nos tocó ir más tranquilamente y salvo
el pase que compramos exclusivo para ir a la mejor atracción de todas las que
visitamos, que no era otra que la Avatar Flight of Passage, el resto tuvimos
que ir mirando en la aplicación del parque para ver los tiempos de cola y en
función de ello ir visitando las atracciones, que aquí eran algo menores en
número, aunque muchas eran para ver animales reales.
La pena de este día es que volvimos a separarnos y en esta ocasión no nos vimos
hasta las 4 de la tarde y porque era la hora fijada y comprada de Avatar. Mi
ilusión por la magia Disney ya estaba difuminada desde que visite Disney Paris
y para mi lo que más me ilusionaba era ver la cara de los integrantes del grupo
haciendo las actividades o viendo los espectáculos. En este parque solo tuve
esa oportunidad en la última atracción de Avatar que por fortuna pudimos hacer
todos a la vez, menos Almu, que le marean las atracciones virtuales con gafitas.
Realmente fue muy emocionante, pero sobre todo ver a Amelia y Mery disfrutarlo
como si fueran quinceañeras, a Marga pegar gritos de pura satisfacción con una
sonrisa de oreja a oreja o comprobar como Elena se quedaba afónica de berrear
tras el viajecito. No llega ni a 5 minutos, pero son de bastante intensidad,
porque te suben como en una silla de montar en uno de los dragones alados de
Avatar y te remueven hasta el tuétano de los huesos. Muy, muy recomendable y
veraz.
A este ritmo de avance la realidad virtual en no mucho tiempo va a sustituir
tantas cosas que da miedo pensarlo. Viviremos los viajes de Topodiving sin salir
de casa en el salón con un casco puesto?.
Tras Avatar ya no había nada más que lo superara y llegó el momento de decir
adiós a Disney y a Orlando y regresar hacia el sur para dedicar los últimos
días a Miami. De nuevo separación de grupos y unos quisimos visitar y circunvalar
el impresionante Lago Okeechobee, que parece mucho más un mar que un lago porque
no llegas a divisar la otra orilla y cenar en el típico pueblito americano de
Belle Glade, disfrutando de las carreteras interiores, más lentas, pero mucho
más vistosas y no de las grandes autovías donde todo el paisaje era bastante
monótono como comprobamos en la subida. El resto hicieron el viaje del tirón
por autovía rápida sin pararse a cenar por el camino, aunque normalmente los
días anteriores se saltaban la cena por la barriga llena de la comida, o por
tener ya comida en la habitación, o porque normalmente no cenan, pero tras alojarse
pidieron información en recepción y les recomendaron un restaurante cubano donde
tuvieron una velada bastante agradable, pero no nos ha llegado documento gráfico
de bailoteo con morenazos ni despendole descamisadas como para poder ser publicado
en la web.
Domingo 9 de agosto
Nada de madrugones, que ya llevábamos algunos acumulados, casi hasta las 10
no salimos del hotel a recorrer lo más emblemático de la ciudad. Lo primero
de todo la calle Ocean Drive donde todo el que tiene un coche llamativo se pasea
por ella lentamente para chulearse y que le observen, hasta que alguno le pega
un acelerón a su Lamborghini amarillo y se lo carga haciendo un estrepitoso
ridículo a la par que un tremendo atasco. Es una calle peculiar, si vienes desde
el sur tienes la playa y el mar a la derecha y a la izquierda las edificaciones
que son una sucesión de hoteles antiguos de una o dos plantas, restaurantes
y garitos de jarana donde da igual la hora que sea del día para tenerlo repleto
de gente bebiendo y metiendo dólares en los pantalones de los apretados bailarines
que pierden más aceite que un Seat 1500 del siglo pasado.
Después de un pequeño sofocón por el calor reinante nos metemos en una heladería
a las 12 de la mañana para frigorizarnos, tanto por fuera como por dentro, aunque
para el interior tampoco había que descuidarse en cantidades porque por un heladito
no muy grande te soplaban 10 dólares. Regresamos al parking donde dejamos los
coches y fuimos a otra de las grandes playas de Miami, la Hollywood Beach, con
menos glamour que la anterior, pero también muy animada con gente de todo tipo
por todas partes, hasta por allí apareció un tío disfrazado de Grinch con un
traje peludo que con el calor que hacía no sé como el tipo no palmó en el intento,
el caso es que no paró de hacerse fotos con la gente mientras nosotros comíamos
en 2 grupos en sendos restaurantes italianos. Los del otro restaurante no tuvieron
al Grinch, pero parece ser que tuvieron una fiesta de cumpleaños sorpresa de
Marga y eso que su nacimiento se produjo en el mes de abril.
Las 2 playas visitadas nos transportaron a aquellas tardes viendo en la tele
la serie Los Vigilantes de la Playa con Mich Bucanan. Cierto es que los puestos
de socorrismo y vigilancia son exactamente los mismos y la arena que las rodea,
pero las aguas idílicas y las pechugonas de traje de baño rojo no se veían por
ninguna parte. Yo intenté hacerme el ahogado a ver si aparecía la Pamela o su
heredera, pero Almu al percatarse de la maniobra me hizo un RCP instantáneo
levantándome de la oreja pillando algo de pelillo de la patilla aledaña.
Y tras la comida y la sobremesa playera llegaba la hora de la actividad preparada
como fin de fiesta del viaje para todo el grupo, el barco crucero del Missisippi
que remontaba el río por las fastuosas mansiones de ricos y famosos hasta llegar
a una isla privada con cena y espectáculo. Pero aquí fue donde se chafó por
completo el planteamiento por mi error cometido desde el principio del viaje,
si somos un grupo debemos ejercer como tal y aunque a veces tengamos que esperar
un poco y otras hagamos que nos esperen, no deberíamos habernos separado nunca
en los desplazamientos, porque para eso llevábamos los walkis, otra cosa es
que llevemos destinos diferentes, pero teniendo que ir al mismo punto y a la
misma hora, fue un tremendo error permitir que cada uno fuera a su libre albedrío,
si vamos juntos o nos perdemos todos o llegamos todos, pero si cada uno sale
a su criterio entonces nos ocurren cosas como lo que pasó. Lo más normal, después
de más de 80 coordenadas diferentes que tuvo el viaje, es que en alguna ocasión
alguno pongamos una que no es la correcta. Saliendo del parking hacia el barco
nos quedamos cortados porque se metió un coche entre el segundo y el tercero
nuestro, lo normal y lo que debíamos haber hecho era esperar a que el tercer
coche se desbloqueara del que tenía delante, pero como durante el viaje, en
varias ocasiones estuve esperando en algún parking a juntarnos para salir a
la vez y ya se habían ido sin nosotros, pues ya lo habitual era que cada uno
tirara y ya nos veríamos en las coordenadas. El problema es que las coordenadas
del coche rezagado en esta ocasión apuntaban en dirección totalmente opuesta
a la del barco a donde teníamos que ir, algo que como digo con 7 u 8 coordenadas
diarias era de lo más normal que pasara. Si desde el principio hubiéramos salido
siempre juntos, aunque el tercer coche pusiera mal las coordenadas, nos hubiéramos
dado cuenta rápidamente al ver que los coches iban en dirección contraria y
alertándonos como hicimos en otras ocasiones de las millas o el tiempo a destino
para ver si coincidían.
El caso es que al no ir juntos nadie se dio cuenta y los 2 primeros coches
fueron hacia el barco y el tercero en dirección contraria. El barco partía a
las 18:00 y a las 17:30 estábamos entrando en las coordenadas fijadas para el
aparcamiento, pero que no estaban ajustadas del todo y tuvimos que entrar por
otra calle para acceder al parking. Para evitar que el tercer coche diera esa
vuelta les llamamos por teléfono para indicarles que pusieran en el GPS nuestra
posición actual para que llegaran a tiro hecho, pero hay amigo, cuando el GPS
de su coche les dice que están a más de 40 millas del destino y que no llegarían
antes de las 18:15 nos damos cuenta de la hecatombe. Mis ruegos y súplicas al
capitán del barco para que no saliera a la hora en punto fijada no sirvieron
de nada, incluso pregunté si había forma de llegar en coche a la isla privada
de la cena, pero lo único que conseguí fue un tranquilo, dentro de 3 días vuelve
a salir el barco de nuevo a esta hora. Y a las 18:00 en punto, sin el más mínimo
retraso nos alejábamos con tristeza de la dársena del puerto. Insisto por si
no ha quedado claro, el fallo no fue meter mal las coordenadas, el fallo es
no haber impedido desde el primer día las salidas a criterio propio. Pero bueno,
como siempre es un aprendizaje más en la vida que espero que nos sirva a todos.
Cuando vamos a bucear no me gusta que nos separen en dos grupos, porque voy
toda la inmersión sin desear que aparezca algo grande por el fastidio de que
lo vea solo un grupo de los dos y al final no disfruto del todo de la inmersión.
Pues eso me pasó con la actividad del barco, que aunque estuvo muy entretenida
me podía más la pena de no estar todos juntos que el disfrute. Aún así hicimos
un completo recorrido de mansiones y puentes que se abrían a nuestro paso de
casi una hora hasta la isla. Llegados allí, entre una decoración totalmente
hawaiiana y tropical nos fueron sentando en mesas donde no paraban de traernos
comida, platos de primeros, como chili delicioso, patatas bien crujientes, ensalada
del col, etc y de segundo todo lo que quisieras de unas costillas a la barbacoa
de las mejores que he comido y un pollo empanado de menos nivel que lo anterior,
rematado con unos bizcochos de postre. Para terminar unas margaritas y daikiris
y al pequeño teatro cercano para ver un divertido espectáculo de danzas y fuegos
hawaiianos. Un fin de fiesta casi... perfecto.
Lunes 10 de agosto
Y colorín colorado, llegábamos hasta el último día del viaje y nada mejor que
una salida tardía del hotel para dar tiempo más que de sobra de un desayuno
tranquilo, darse un baño en la piscina y hacer las maletas. Estábamos saliendo
con el equipaje cargado a las 11:30... cuando se ha visto algo así en Topodiving?.
La primera visita que hicimos, acompañados del bochorno correspondiente, aunque
sin mosquitos, fue por el barrio cubano de Miami, que en realidad se circunscribe
a la calle 8 de arriba a abajo, el resto de las calles aledañas, salvo las gallinas
campando a sus anchas con sus pollitos por las aceras ya destilaban menos los
aires cubanos. Llegar hasta Sanguich costó una buena sudada, pero por lo menos
en mi caso, allí comí el mejor sandwich cubano de todos los que probamos durante
el viaje, una delicia, aunque me tocó comerme los restos del bocata de Elena
que era de cerdo mechado y estaba incluso más bueno aún. Lástima no tener un
Sanguich de estos algo más cerca. Regresando por la calle 8 más tiempo de compras,
esta vez con motivos cubanos, que ya estábamos hasta el gorro de la bandera
USA por todas partes y claro esta, a gastar todo el metálico que lleváramos
encima. El final de la visita tuvo un dulce componente tras el paso por una
pastelería que nos habían recomendado para tomar unas deliciosas milhojas de
crema, aunque según Margarita no eran para tanto.
El último escalón, ya muy cerca del aeropuerto era el barrio de los grafittis,
donde allí lo han elevado a la categoría de arte y hay varios museos por la
zona, visitamos uno que hasta te dejaban botes para que hicieras tú mismo la
pintada que quisieras. Lo más espectacular realmente eran los murales en los
edificios de las calles que cubrían edificios enteros. Como ya no quedaba mucho
tiempo en vez de hacer un paseo caminando lo hicimos con el coche. Antes de
salir de allí visitamos un Rodilla para coger unos sandwich para el aeropuerto,
nada que ver con los Rodilla españoles, estaba puesto muy fino y cada sandwich
en una cajita individual. Lo mejor de todo fue la frasca enorme que tenían de
agua con hielo que entre todos dejamos tiritando como si hubiéramos estado una
semana en el desierto.
Hay que hilar muy fino en el macro aeropuerto de Miami para poder devolver
los coches en el lugar correcto sin dar mil vueltas, que además está alejado
de la terminal principal, tanto como para tener que coger un tren que te acerque.
Lo importante es que lo conseguimos y los trámites de acceso hasta la puerta
de embarque se realizaron con la pesadez correspondiente, pero con normalidad
y otra vez sin tener que pasar por el cuartito. Una tranquila espera endulzada
con un regalito que nos hizo Marcos comprando unos bombones de Lindt con su
dinero para todo el grupo y a la hora fijada sin retraso, a pasar la noche en
el avión, la noche más temida tampoco fue para tanto y con eso de ir dormidos
un buen rato cuando quisimos darnos cuenta ya estábamos recogiendo el equipaje
sin extravío alguno.
Pues hasta aquí la crónica de este 25 aniversario de Oceánica. Si hay siguiente...
ya no nos iremos tan lejos...