Apertura oficial
de la Navidad
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Apertura oficial de la Navidad

17 de dicicembre

La gran juntada Planetario Espectáculo en el museo del ferrocarril Picoteo en el "Parisienne"

Apertura oficial de la Navidad

17 de dicicembre

La gran juntada
Como preludio de las fiestas Navideñas, el Organizador nato e infatigable ha organizado una quedada de mucho éxito, por lo nutrido de la concurrencia.
Componen la tarde Tres actos, tres, a los que la gente se irá incorporando según sus gustos y posibilidades.

Planetario
Bueno, pues fue una proyección en la cúpula del planetario a la que algunos adultos sin cachorros nos apuntamos también, por aquello de estar desde primera hora con la gente y el resto, padres y/o madres sacrificados, por el solaz y divertimento de sus hijos e hijas. La proyección, pues eso, muy infantil. No quiero -ni puedo- entrar en detalles sobre la connivencia entre un oso y un pinguino que modifican un submarino abandonado con toooooda su carga de misiles balísticos nucleares para lanzar el submarino al espacio y ver la tierra desde lo alto... El detalle menudo me pasó inadvertido, pues a pesar de la tortícolis creo que descabecé un sueñecito, pues un ronquido propio me despertó justo antes de los créditos finales. Cosas de la coincidencia del evento con el "momento siesta"
Pero los críos se lo pasaron bien, que era lo importante y disfrutaron lo suyo de la proyección.

Espectáculo en el museo del ferrocarril
La siguiente fue en el Museo del Ferrocarril. Un espectáculo que casi me pierdo por cuestiones del difícil aparcamiento en la zona pero, merced a la bondad del Topo -que me espera fuera para granjearme el paso con la "vigilanta"- puedo entrar con el espectáculo apenas empezado.
La cosa va de un botones, "Sacarino" de nombre, que, por imprudente, se bebe un brevaje venenoso y requiere la apertura de un baúl cerrado con un candado, de los de combinanción, para obtener un antídoto. Porque si no se conseguía en una hora, acabaría "Sacarino" en el otro barrio.
Todo esto es la escusa para que, divididos en varios grupos guiados por cada uno de los actores, nos vayan contando la historia de locomotoras, coches y vagones, explicaciones de las que se van consiguiendo datos para establecer la combinación del candado y de paso conocer detalles de cómo vivían los jerifaltes de la RENFE de la época, cómo se jugaban la vida los revisores en aquél tiempo y, cómo no, la diferencia entre un coche y un vagón.
Así, vamos intercambiándonos los grupos pasando de actor en actor y haciendo el recorrido del museo.
Al final, por supuesto, se consiguieron los códigos necesarios para abrir el candado y el pobre "Sacarino" pudo tomarse el antídoto.
Todo el espectáculo acaba en un pequeños sorteo para ver quien abre el cofre y salva a "Sacarino" y en un lanzamiento de serpentinas de colores hacia la cúpula de la estación para regocijo -o susto- de los chavales y no tan chavales.
Muy bien llevado por los actores y muy entretenido para todos, especialmente para los pequeños, pues está orientado especialmente a ellos. (Luego supe que había otro pase a continuación para adultos, no sé si es que sería con rombos o simplemente por el horario). La ambientación del espectáculo con humos y la nocturnidad hacen que, quienes hemos conocido estas estaciones en tiempos ya muy pasados, nos asalten recuerdos y nostalgias de cuando viajar era otra cosa.

Picoteo en el "Parisienne"
Aquí fue donde nos acabamos "arrejuntando" todos. Un montón de amigos, unos conocidos y otros desconocidos para mí, reunidos en el Parisienne, disfrutando de los reencuentros con quienes hace mucho que no se reunían, chácharas y comentarios y disfrutando de unos picoteos para acompañar la conversación.
Una pena porque entre el tumulto se me quedó gente por saludar, pero es que realmente éramos muchos y el local, no muy grande, resultó atestado.
Tanto que ni siquiera intenté hacer fotos por ello. (Y porque oveja que fotografía, bocado que pierde, je!).
Y con esta bullanguera reunión, terminamos sobre las once y media, casi echándonos del bar porque tenían que cerrar. Se notaban el gusto del reencuentro y las ganas de continuar, pero el personal de "El parisienne" tambieén tiene derecho a descansar a su hora.
Besos y abrazos para despedirse, esperando que haya otra pronto y apurando las últimas conversaciones en el exterior y cada mochuelo, a su olivo.