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Los miércoles al sol

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Cita en Torrelaguna
Por tierras del Rey de Patones
Montando el número sobre El Atazar
De ruinas y cárcavas
Casa Patata y el mus visto


Los miércoles al sol

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Cita en Torrelaguna
Pues allá que fuimos hacia Torrelaguna, para el encuentro y recuento de los que allí habíamos quedado.
Llegamos todos con cierta puntualidad y sin especiales dificultades. Allí, unas desayunaron tranquilamente, otros nos pusimos en modo saludos y parabienes y el Maestro de miércoles, se desapareció en busca de ciertos productos de la tierra.
De vuelta a los coches para seguir el camino, al oír que Araceli hacía el comentario de que yo había dejado el coche subido en la acera (media rueda, que conste) y que, por lo visto, lo dijo delante de la guardia civil, un lugareño cotilla que lo oyó hizo un comentario sobre la oportunidad que tienen las mujeres para "cantar en el peor momento" (o algo así), comentario que a mi pasaje femenino no le hizo especial gracia. Pero los lugareños son así.
La aventura, para vergüenza de mi navegadora, fue realmente salir del pueblo teniendo que preguntar a otro lugareño por donde había tirar para ir hacia Patones, una vez que había conseguido perderme y llegar hasta un camino de tierra de dudosa continuidad. Pero una vez orientado, y con el refuerzo del móvil de Mery, conseguimos ponernos en el buen camino.

Por tierras del Rey de Patones
Así que nada, hacia Patones que nos fuimos y llegamos, como era de rigor, los últimos. Ya en el parking, que da para poco y estaba cuasi ocupado, y tras un momento de duda sobre la conveniencia de aparcar dejando una moto un tanto encajonada, un visitante previo tuvo a bien dejarme su hueco para dejar el coche en mejor posición. No obstante, hubo algún comentario sobre que ya me tenían que estar esperando.
Así que, tras la amonestación por la espera, nos pusimos en modo "recorrido fugaz" por el restaurado pueblo. Pueblo que ha cambiado mucho desde que lo conociera, casi todo derruido entonces, y hoy reconvertido en lugar de ocio para turistas.
Pero es bonito a pesar de que haya perdido una parte de su naturaleza rústica. Con muchas casas con las fachadas recubiertas de hiedra y de flores, bien reconstruidas las casas y respetando el estilo original, pero con todo el pueblo renovado y con esa afectada presentación para el atractivo turístico de fin de semana.
Araceli, que está emparentada con la propietaria del famoso restaurante "El Rey de patones" por lo político, se para un momento a saludar a la propietaria y continuamos camino hacie el mirador, en donde nos ilustrará con la historia del pueblo y los cotilleos familiares sobre el origen y fundación del susodicho restaurante.
Disfrutamos de unos ricos "cojonudos", dulces del lugar que hacen honor a su espectacular y sonoro nombre, que era una parte de la causa de la desaparición del organizador en Torrelaguna para hacerse con ellos. Después, con prudencia por el riesgo de resbalones sobre el pavimento pizarroso, (alguna agachó el trasero a nivel de suelo para minimizar el riesgo de culada/fractura de cadera) nos volvimmos al coche para continuar hasta el mirador sobre el embalse de El Atazar.

Montando el número sobre El Atazar
Curiosamente, el camino se hace despacioso merced a un caballero y señora, ajenos a nuestro convoy, que van disfutando del paseo como si fueran en calesa, lo que nos da para disfrutar el paisaje con toda calma.
Llegados al citado mirador, vemos con sorpresa, rayana en la alucinación, que el Topo baja del coche lo que en principio parecía una mesa de masajes portátil, pero que realmente se convierte en una mesa plegable sobre la que dispone, bendito él, un aperitivo (bebida fría incluida) para disfrutar del panorama con un preparatorio ágape que incluye unos chorizos típicos también del lugar, y resto de la causa de la antedicha desaparición del líder, y que junto a jamoncito, quesito y otras delicatesen, nos hacen sentir lo bueno de la vida, disfrutando del espectáculo de las vistas sobre el embalse (y del sonrojo de la capullada del tópico de los candados cosidos a la reja del mirador... sin más comentarios).
Ahí se nos reune Miguel, que llega con aún algunas muestras disponibles del aperitivo para su solaz y disfrute, y, más tarde, ya en la parada de la visita a las ruinas, Concha, que ve el mirador de refilón mientras conduce veloz a nuestro encuentro.
Así, con estas celebraciones y la visita posterior, nos vamos conociendo los ya vetereanos en los encuentros con las nuevas incorporaciones a estos fastos.

De ruinas y cárcavas
Pues con ésta preparación (física y espiritual), nos vamos a ver las ruinas romanas en una loma cercana, con un ligero desvío de los interesados en ver la tapia de la "cueva del reguerillo", puesta ahí para evitar el expolio y destrucción de los yacimientos prehistóricos que la adornan (del otro lado de la tapia), y de la que nuestro querido Topo, nos explica, ha tenido en herencia su mote, dada su afición a andar enterrado en esa y otras cuevas otrora tiempo.
Paseo que hacemos parcialmente divididos por diversos y convergentes caminos hacia las ruinas romanas, rutas elegidas, según su diferente dificultad, por unos y otros caminantes según su estado de forma, predisposición al esfuerzo contenido o lo inadecuado de la indumentaria para triscar por entre matorrales (sin rasparse el muslamen).
Un ratito para mirar los restos de algunos recintos antiguos, "la casa de Marcos", el panorama, la distante cárcava y el farallón... Y corriendo a comer que ya es hora.

Casa Patata y el mus visto
Y de vuelta hacia Torrelaguna, a la "Antigua casa Patata", en donde disfrutaremos del menú y un reposo que hacen peligrar la posterior enseñanza práctica del mus, debido al sopor que le queda a uno después de comer y tras este ratillo de ejercicio. Pero la voluntad es fuerte y nos disponemos a la partida.
Distribuidos convenientemente, nos afanamos en la enseñanza de lo que unos conocemos, mejor o peor, a los que poco o nada saben sobre el juego en cuestión. Pilar, Manolo, Paloma y Concha aportan su pericia en el mus, compartiendo sus conocimientos con el resto de los que estamos menos ilustrados y los neófitos totales.
Primero jugamos a cartas vistas, lo que resulta ciertamente embarazoso, pues envidar con rey y sota a tres reyes para hacer el paripé, queda raro. Algunas demuestran no tanto su pericia como su bendita suerte para ligar buenas cartas, con lo que, al poco, empezamos a jugar cada uno con las suyas.
Al rato, ya con algo más de rodaje, el Topo redistribuye los jugadores reuniendo a los que tienen más idea para que no se aburran (y algunos recuperemos la perdida dinámica del juego) y para que los noveles practiquen con mayor tranquilidad.
Nos dejan por adelantado Fernando y Susana, que han participado brevemente como oyentes sin derecho a naipe, por deberes familiares. El resto aguantamos un par de partidas (casi) y nos volvemos tan contentos, bien paseados, comidos y jugados, despidiéndonos hasta el miércoles siguiente.

P.D. Gracias, Mery, por tu contribución a la ilustración gráfica de esta crónica.