Escape room y Museo del tren
Arriba


Aquí podéis ver el reportaje fotográfico completo y descargar las que queráis en alta resolución
Podéis ampliar éstas pulsando sobre ellas

Los miércoles al sol

Escape room y Museo del tren

Escape room
Museo del tren
La comida de hermandad
Momento mus


Los miércoles al sol

Escape room y Museo del tren

Escape room
Pues allí en la puerta del local del Locktopusescape que nos vamos encontrando. Mayoría absoluta del género femenino y algunas caras nuevas. El Topo, raro en él, venía también -como yo mismo- retrasado unos minutillos, víctima de la relajación que propicia este tipo de actividades de "desocupados pero no ociosos ni indolentes" y, quizá, su edad y nueva situación no-laboral. Aún así, nos toca esperar porque el propietario/encargado del establecimiento no abre hasta que no le parece bien.
Mientras, se hace "caja" cobrando los dineros debidos para el disfrute de las actividades que, hay que reconocerlo, tampoco resultan muchos para lo que ofrecen. Al final entramos en la escueta recepción de la supuesta sastrería en donde, apretaditos pero respetuosos, nos hace el muchacho las presentaciones del invento.
Se hace pasar, al final se destapa su acento castizo, por ruso y de nombre "Victórrr" (así, con acento en la tóoorrr) para acentuar el tonillo del este que le da a su presentación. Resulta, dice, que es primo de otro ruso para el que se pone a limpiar y... Bueno, estábais allí, así que no hace falta que me extienda... Y, al final, nos pasa a otra habitación, supuestamente prohibida y decorada de bar clandestino en donde nos tocará descifrar, en dos grupos, una serie de acertijos para abrir candados de cajas y más cajas que nos llevarán a otras nuevas pistas para abrir los candados de otras cajas que contienen nuevas pistas... y así.
La cosa es que nos ha debido ver muy verdes (o torpes), porque nos empezó a "asesorar" enseguida, dándonos pistas y orientación para descifrar los enigmas. Me dió la pinta, porque al final se nos acababa el tiempo, de que veía que se le amontonaba el siguiente grupo a recluir o, quizá, que se le podía echar encima la hora de la merienda si no nos daba alguna ayuda.
Aún así, ha sido divertido el ir encontrando la solución de los enigmas, que eran, como debe ser, imaginativos a la vez que entretenidos. Pero vaya, que si no nos ayuda aún estaríamos allí a vueltas con candados y chismes.
Una cosa que se saca en conclusión, ya que todos somos talluditos, es lo de las gafas de cerca. Mira que ya lo he dicho con anterioridad, pero hay que hacerlo. He estado pensando que un plano de metro, que tenía que servir como pista, era el de Madrid hasta que "Victórrr" no ha mencionado que era de Londres... de traca!
Al final, hubiera cabido esperarlo, eran precisas las soluciones correctas de los últimos acertijos de ambos grupos para, combinados adecuadamente, conseguir la llave que abría la caja fuerte con "el oro y billetes" que contenía.
En todo caso, a pesar de que se supone que esto iba de colaborar, Mari Paz ha hecho notar que "ellos" habían terminado primero. Bueno, podemos dejarlo así, pero a "Victórrr" lo veía más rato en su grupo que en el nuestro, que conste!
Foto final para la promoción del local ("alguna" se aparta para proteger su clandestinidad), y al Museo del tren de Delicias que nos vamos.

Museo del tren
En el museo del tren nos reciben con el calor de ir enchufados. Eso se nota, aunque también se nota que no les sale forzado. Buena gente estos voluntarios que se dedican con afición a enseñar, e ilustrar, sobre la historia, características y méritos de las máquinas y coches, que no vagones, a los que da cobijo este museo.
No lo recordaba, y mira que hace no tanto que estuve, pero el ver "las tripas" de las máquinas da una visión especial del mérito de la ingeniería de la época, con aquellos inventos maravillosos de las máquinas de vapor, y las soluciones ingeniosas para hacerlas moverse. Y, también, del mérito de los maquinistas y fogoneros (hasta 3.000 kg de carbón, nos han dicho, se podía palear un fogonero al día... P'haberse "matao"), y de los sufridos viajeros de aquellos coches -ya aprendí que no todo son vagones- que también tendrían que pasarlas canutas a veces por el frío, la incomodidad y lo largo, y aventurado, de los viajes de aquellos tiempos iniciales del ferrocarril.
Las señoras de la época, nos contaban, debían "arremangarse" sus vestidos -largos, al uso de la época- para subir los altos peldaños de acceso a los coches y lucir tobillo.
También, vaya aparte, el mérito de los revisores de aquellos trenes, con coches de compartimentos con puertas que abrían directamente al exterior del tren y que que ellos debían recorrer por pasarelas exteriores que, aunque fueran lentos los trenes, supuso para algunos de ellos un "fin de trayecto" un tanto adelantado.
Otra cosa era el coche especial para los jerifaltes de la "RENFE" de la época, con sus compartimentos con aseos privados, restaurante de lujo y otras comodidades inaccesibles para el común de los viajeros.
Ya en la época "moderna" de los trenes eléctricos y diesel vamos viendo locomotoras enormes, ilustres trenes de una época ya antigua que algunos hemos conocido y que hacen soñar el romanticismo de una época en la que viajar era casi cosa "de ricos". Especialmente cuando vemos aquellos primeros vagones del Talgo, con un coche restaurante y "mirador" en el remate del convoy.
Recuerdo de los trenes TAF, TER, Ferrobús... todos reconocidos y devueltos al recuerdo en sus vetustas apariencias, algo destartalados ya, de unos tiempos en los que viajar tenía otro significado.
Y con el último tramo del recorrido, se empiezan a oir algunas voces lastimeras preguntando "y aquí, cuándo se come???" que le indican al Topo la conveniencia de ir con premura a lo del comer en "Le parisien".

La comida de hermandad
"Le Parisien" tiene de eso solamente el nombre pues ni el local ni el personal coinciden con lo que el rótulo anuncia. Pero conforme nos vamos sentando, empieza a percibirse un olorcillo apetitoso que, merced a que llevábamos muchos el hambre ya hecha, va anunciando lo que resulta una buena cocina, de platos no muy abundantes -aunque correctos para un menú "del día"-, con un pollo, motivo del olor que ha condicionado alguna que otra elección, al que, a juzgar por mi propio gusto y olfato y por cómo ha dejado Mari Paz de mondos los huesos de su porción, hago justicia al definirlo como que estaba algo más que rico.
En fin, otro acierto del Topo que repetiremos en una próxima actividad de Topodiving.
Y con el terminar de comer, algunas, con sus responsabilidades y/o coartadas, se tienen que marchar y nos quedamos con algunas bajas el resto para el ejercicio del juego del Mus.

Momento Mus
Distribuidos en dos mesas, nos ponemos "los versados" -supuestamente alguno, si pienso en mí mismo- en el noble arte del naipe en una y los noveles permanentes -se les debe olvidar casi de vez para vez-, en otra. En ésta última se sitúan algunas como "vientes y escuchantes" del Topo que se dedica a ilustrarlos con sus tácticas y estrategias de experto en Mus, que ya les va introduciendo como ampliación de la cantinela de que "reyes y treses son todos reyes" y "ases y doses son todos ases".
Se nota alguna dificultad también en aquello de que "las figuras valen todas 10", imprescindible conocimiento para conseguir los ansiados "31" del juego.
En la mesa de "avezados" nos ponemos a la faena para que nos den, a Concha y a mi, una "soba guapa" merced a la potra recalcitrante que disfrutan nuestros oponentes, Pilar y Manolo.
Sin entrar en detalles,... qué bonito debe ser jugar con buenas cartas. La primera nos la calzan en un abrir y cerrar de ojos y en blanco, la segunda, con una alguna resistencia por nuestra parte pero insuficiente para su suerte inveterada. La tercera, no nos va mejor.
Así que los dejamos que se vayan sin revancha, no sea que nos vuelvan a "apalizar". Qué tío/a! Decían, no se si falsamente modestos o sorprendidos, que no habían pillado tan buenas cartas nunca. Pues han escogido la peor oportunidad, para nosotros, para pillarlas.
Luego de idos nuestros contrincantes para descanso de nuestro pesar, nos pasamos Concha y yo a jugar con Ana e Inés como contrincantes, apoyadas por su ladino hermano, que nos la "clava" en una primera ocasión. Ya mosqueados por nuestra surte, a Concha, en su exasperación por lo acumulativo de la suerte ajena y la pésima propia, se le escapa un improperio -yo solamente lo pensé- porque también las "hermanitas" tienen una "potra" para ligar cartas que hace masticar cerillas a cualquiera.
Pero al final se impone la veteranía y salimos librados de la humillación total de una nueva derrota, esta vez a manos de unas noveles que -se supone- están aprendiendo a sumar los puntos todavía y que hubiera supuesto una mayor humillación.
Y con el empate y con un último café -gracias Concha- nos vamos a nuestras respectivas casas y quehaceres.
Hasta la próxima!