Lo que íbamos a hacer:
Con un día un tanto incierto en lo climatológico, no estaba claro si acabaríamos a remo por las calles de Madrid o sudando.
Pero el clima fue condescendiente y misericordioso con las decisiones de nuestro querido organizador y nos concedió llover entre salida y salida al exterior. Hasta que terminamos todas las actividades, momento en el que ya no se pudo aguantar más y dejó caer todo lo contenido.
El motivo estelar de la jornada era la visita al Congreso de los diputados. Una visita especial, merced a Tachu, la hermana de Patricia, quien nos "tuneó" la visita para hacérnosla inolvidable.
Este era el plan completo:
09:45 Chocolatería Valor Luchana 37.
10:10 Salida hacia la BN a 1,3km 20' andando.
10:30 Visita sin guía a la Biblioteca Nacional de Colón. Llevad el móvil para realizar el guiado independiente.
11:45 Fin de la visita y vamos al Teatro Fernan Gómez en los bajos de Colón.
12:00 Exposición fotográfica máquinas Leica. Un siglo de fotografía 1925-2025.
12:45 Papúa. Cóctel o cerveza de aperitivo. Cada uno paga lo suyo en directo.
13:30 Salida hacia el Congreso. A 1,3km 20'.
14:00 Comida en el restaurante del Congreso. Habrá que pedir con anticipación.
15:30 Comienzo de la visita guiada al Congreso, incluyendo el hemiciclo.
16:30 Fin de la visita y nos vamos al Caixaforum.
16:45 Café en la cafetería del museo. Los que sois clientes de Caixabank llevad vuestra tarjeta del banco para acceder de forma gratuita.
Posteriormente visita a las 2 exposiciones del momento. Desenfocado, otra visión del arte y Chez Matisse.
Lo que hicimos:
El churro devenido en tejeringo
Llegué a la chocolatería VALOR justito de tiempo, como siempre gracias a la consuetudinaria falta de puntualidad de RENFE. 10 minutos largos esperando parados en la entrada a Chamartín tuvieron la culpa.
Llegado allí, ya esperaba fuera nuestro querido líder, a quien casi no reconozco a causa de su espléndido tipín y su bigote y perilla Velazquianos. Se le nota el trajín que se trae con el cuerpo y lo que come para recuperar la forma y, con ella, la mejora y prevención de la salud.
Ale, ale! Corriendo y sin saludar al personal que ya ha llegado puntual -supongo- para pedir mi cafetillo y mis churros, aunque, advertido por Marga que a la mesera no le sentaba muy allá el que fuéramos a pedirle nuestras comandas, seguí su consejo de esperar sentado y esperar que viniera a decirme qué quería.
Ratito de esperar sin éxito y llegan Patricia y Uge, quienes me liberan de la mácula de haber sido el último.
Pero la camarera se había confabulado en mi contra y, aunque le había pedido yo primero mi café antes de la llegada de la pareja, les sirve a ellos primero lo suyo, ignorándome totalmente hasta que se lo vuelvo a recordar. Finalmente, me trae lo mío y empiezo a desayunar.
Los "churros", no son churros. Se han permitido la licencia de reconvertirlos en una porra "mini", llamada "tejeringo" en algún lugar de Andalucía que no consigo recordar. Pero el castizo y tradicional churro madrileño no lo trabajan, está claro. Bueno, pues a comer a la trágala porque hay que salir puntuales.
Silvia, que está peleándose con su propia ración de churros alienados, intenta hacerme el truco y que la libere yo de alguno de los suyos, pero no, uno es consciente de hasta donde le llega su hernia de hiato y no quiere jeringarse con un tejeringo de más, que ya con los propios va servido.
Y al fin, consumidos y abonados los desayunos por el líder, nos ponemos en camino hacia la Biblioteca Nacional, en siglas, BNE.
Entradas y salidas de la BNE
Así que caminito y para la biblioteca. Un paseo agradable con el que llegamos a la entrada principal, con su escalinata y sus estatuas, y en donde nos esperan ya más gente de la que se irá incorporando a las actividades.
Paso obligado de salutaciones y besos, y el líder me apresta para la foto grupal. Aunque luego resulta que nos faltaban un par de compañeros, a los que pido disculpas, pero todo se arreglará posteriormente, merced a la fotógrafa del congreso. Se nota que el personal ya va estando más hecho a esto de los photocall, porque salen todos bien -más o menos serios pero bien- y tras las oportunas explicaciones del organizador sobre cómo localizar y usar a web de la BNE para seguir la audio-guía, nos vamos preparando para la entrada al edificio.
Un follón esto de quitarse las "prótesis" para pasarlas por el detector: Un auténtico latazo. Que si los móviles, los llaveros, las monedas, los cinturones, el reloj... en fin, una vaina.
Luego lo de la auto guía. Yo debe ser más torpe de lo que me pienso. Descargarla, no la descargas -lo primero- la tienes que ir oyendo on-line, con lo que si la cobertura es deficiente, ya cuesta. Otra cosa es que el menú de acceso es como es y está repetido en varios sitios próximos (desconozco la causa). Luego, que cuando te pones a ello con el principio, resulta que tienes lo primero la descripción de la fachada y ya estás dentro. Otra cosa es la localización de en donde te encuentras (para oír el capítulo correspondiente) y a donde tienes que ir, que lo tienes que inferir de los sitios con un "STOP visitors" en la puerta, o un cordón interpuesto en ella si la cosa está prohibida para todos.
El edificio tiene un vestíbulo caso faraónico, con una escalinata doble y mastodóntica que hace sufrir al pobre Miguel, que sigue con sus rodillas perjudicadas. Personalmente, lo encontré un poco frío para lo que entiendo que debería ser un lugar cálido y acogedor para la lectura. Pero es lo que tienen los edificios de la época, son más representativos que funcionales aunque de indudable valor arquitectónico.
Resulta que algunas partes de la visita -y también los aseos- se encuentran ubicadas en otras salas en el exterior, con lo que tienes que volver a sufrir el proceso de "despiece" y aligerarte de los viles metales en los respectivos puntos de control. Menos mal que el señor vigilante, en este caso, me ilustra sobre cómo proteger el reloj con la mano al pasar por el arco detector, lo que, quieras que no, alivia algo el ajetreo. Otra cosa es que si has dejado el abrigo/paraguas en una taquilla, sales expuesto a lo que "caiga" en el exterior y volver a sufrir el sistema de control al regresar al vestíbulo principal.
Pero en esta nueva parte de la visita me encuentro con el grato -muy grato- descubrimiento de la exposición de las "Máquinas parlantes", en donde se pueden ver un montón de muestras de gramófonos, gramolas, pick-ups y otros cachivaches -hasta el PC incluido- para reproducir el sonido que han sido inventados desde sus inicios, así como sus correspondientes microsurcos en disco o tambor. Un placer para los que nos encantan los cachivaches antiguos.
Y con la premura usual, nos trasladamos al centro cultural de Colón, hoy conocido Teatro Fernán Gómez.
Leica y Papu..tada
Un breve paseo nos lleva hasta el centro cultural, en donde veremos la exposición de LEICA con fotos y maquinaria de la -posiblemente- más distinguida y prestigiosa marca fotográfica. En todo caso, una de las más antiguas y reputadas, con el reconocimiento en los años esplendorosos de la primera mitad del siglo 20, de muchos de los que se dedicaban a la fotografía de reporterismo y viajes de exploración, con aquellas primeras cámaras de película en 35mm que hacían más fácil, transportable y ligera la labor del fotógrafo.
Nos sorprende al entrar un tenderete a lo mexicano con una alegoría al día de difuntos y mucho colorido, con alguna concesión a la fotografía de la propia Leica y de otra marca (inexplicablemente había una cámara Nikon entre los diversos chismes incluidos) que debe ser el preámbulo de la exposición, supuestamente al menos.
La exposición se muestra muy interesante de nuevo, por las fotografías antiguas en blanco y negro que ilustran los inicios de la marca allá por los primeros años del 1900, con el cambio de paradigma en la forma de pensar y de hacer las fotografías.
Después se van mezclando en salas temáticas -hubiera preferido una perspectiva cronológica mejor- con fotografías que muestran la evolución estética, artística y tecnológica de la fotografía.
Hay una sala reservada a la maquinaria de la marca y su evolución a lo largo de la historia, con muestras arcaicas y de la última tecnología digital.
Pero el placer se ve interrumpido merced al compromiso de este fotógrafo que os acompaña en estos trajines del Topo, con la labor testimonial y de registro gráfico de las vicisitudes que en ellos acontecen. Al ser requerido para el menester documental, me veo privado de la visita íntegra y debo renunciar a completarla por este compromiso ineludible. Que me tocó currar, vaya, y tuve que aprestarme a retratar todo lo que estaba a punto de ocurrir.
Se suponía que íbamos a parar por grupos en el PAPÚA, exótico bareto, a modo de entreacto y para dar paso camuflado a la siguiente actividad. El Topo, tenía hablado ya con ellos el poder ir allí en este preciso día. Se lo había recordado en varias ocasiones, incluso un rato antes le habían dicho que sí, que había un rodaje pero que podríamos entrar. Pues no. Llegado el momento, los del rodaje continuaban a lo suyo y no hubo manera. Unos malqueda. Aunque la pela sea la pela -o el euro, al caso- si se avisan estas contingencias, se puede reaccionar y buscar alternativa. Pero no, el cliente de una caña no deja lo mismo, está claro, y se le ignora. Pues lo llevan claro con el Topo, que los pondrá a caer de un burro en el TripAdvisor y cualquier otra red de recomendaciones. Se van a enterar.
Así que hubo que improvisar para salvar este escollo y, con la imaginación y capacidad de improvisación con las que se adorna el organizador (también la tiene, aunque no lo pareciera por sus metódicas y precisas planificaciones), fuimos organizando la siguiente actividad.
La sorpresa en limusina
Fastidiado el plan inicial por la negligencia de los PAPÚA's boys, había que ver cómo se entretenía a cada grupo in situ sin que se "coscaran" de lo que pasaba con el grupo anterior. Había que darle a la lengua con añagazas misteriosas pero verosímiles, que hicieran creíble la espera entre turnos para subir al paseo en limusina. Así que desde "la alegoría del frontón" y la historia de recoger un código canjeable por la oportunidad de comer, el líder fue menudeando pistas, falsedades sobre un juego inexistente y la localización de un determinado código en el perineo de una estatua. Hubo que explicar lo del frontón varias veces: la práctica conocida del juego sobre el tálamo, no es reconocida, sin embargo, por su enunciado confuso por el personal.
Con tanto misterio, alguna hubo que se pensó que la historia iba a ser la participación en el rodaje de PAPÚA, alternando con los actores. Pero creo que fue mucho mejor para todos lo del paseo en limusina hasta el congreso.
Así, entre chanzas y adivinanzas, fueron saliendo los grupos. Del primero al último, la sorpresa fue la misma: "No me lo puedo creer! En serio?", era la frase común y el regocijo juvenil de la ilusión por el paseo en uno de estos carruajes.
Y no solamente fue el paseo en sí mismo, sino que venía complementado y regado con una botella de cava por trayecto que, al menos en mi turno, cayeron enteras.
No sé cómo fueron los viajes de los demás -imagino que como el nuestro- pero el regocijo salía por los ojos chispeantes y los risueños comentarios y las risas. Y no era solamente por el cava. Muchas fueron las que me pidieron fotos inmediatamente para "fardar" entre las amistades, por lo que colijo que el éxito fue rotundo, amigo Topo.
La anécdota, al menos en mi turno, fui yo mismo entrando sin caber apenas hasta el fondo del coche, que no sé como no hociqué con toda mi impedimenta ni arranqué nada del techo, en mi interés de llegar al fondo para hacer las fotos pertinentes.
Del resto, tuve que apañarme, a coche parado, desde el ventanuco del puesto del conductor al compartimento, lo que no supuso menor esfuerzo. Y fue desde la del conductor -posición más expuesta al tráfico- y no de la del acompañante porque casi la dejo definitivamente encalada contra la acera, pues al subirse el personal, la suspensión baja... casi un drama.
Menos mal que el conductor era un chaval enrollado y no se mosqueó ni nada y me ofreció, generoso, el hacerlas desde su asiento. Gracias chaval!
Otra cosa debió de ser el mosqueo de la guardia del Congreso, que eso de ver una limusina que les aparca enfrente y de la que sale tanta gente en emocionada algarabía, les debió de poner en alerta roja.
Y así bajamos todos, con nuestra alegría y alboroto y tras algunas flexiones y genuflexiones para apearse del vehículo. Porque lo de que son muy amplios y cómodos queda compensado para los que han de entrar al fondo, al menos, por la salida y la entrada, que no suele ser muy digna. Por ello, yo me quedé para el último y no producir ningún percance en mi salida, un tanto atropellada. (Las limusinas son para gente chaparra, pienso).
Llantar a lo diputado (con perdón)
El policía al cargo, aún sabiendo que íbamos para una visita, nos despachó para la acera de enfrente hasta que nos tocara el turno. Pero, apenas habíamos cruzado obedientes, vimos a Tachu -nuestra diligente anfitriona y hermana a la sazón de nuestra Patricia-, que nos hacía señas de que fuéramos a su encuentro, sin que el policía se atreviera a chistar. Se nota que es una mujer avezada en el mando y que es una institución consolidada y reconocida en la organización del Congreso.
Una vez con nuestra pegatina puesta, nos dirigimos al restaurante, en la tercera planta, pasando por un atajo tras la dispuesta Tachu que nos guiaba para superar las colas de los que pretendían entrar también por su orden.
Aquello pintaba -olía, en realidad- muy bien: apetitosos aromas estimulaban las salivales, sobre todo a los que no habíamos tenido la menor oportunidad de hacer un piscolabis por la negligencia de los PAPÚAS y nuestra ocupación reportera dependiente de la organización.
Un estupendo salón, perfectamente dispuesto y atendido, ya tenía preparada una larga mesa -junto a otra tanto o más larga que sería ocupada más tarde por miembros de la policía, según nos explicó Tachu- y todo listo para atendernos.
El menú, sobre todo siendo menú, riquísimo. Ni una posible queja. Ni tampoco en la cuidada atención del personal, detalles diferenciadores de un buen trato con profesionalidad y esmero. Allí no deben contratar a cualquiera y se nota. Qué bien que me comen mis diputados.
No hubo Kahoot en la sobremesa, por consideración a la dignidad del entorno y porque el horario de la visita iba ajustado. Así que nos vino a buscar de nuevo Tachu para llevarnos con nuestra guía e iniciar la visita al Congreso.
La visita al templo del poder
Iniciamos la visita con un encuentro fortuito a la salida del restaurante con el Sr. Rodríguez Zapatero, que nos saluda amable y educado aunque no tiene ni idea de quienes somos, apenas unos votantes -algunos-, pero la educación con los visitantes al Congreso debe ser mantenida.
Recorremos la Galería del orden del día, el Salón de los pasos perdidos, el Vestíbulo principal, el Escritorio del reloj... Lo del reloj, tiene su historia y mérito particular, pues se trata de un ingenio de relojería de 1858 que señala la hora en 20 capitales, las estaciones, los meses y los días. Alrededor de una gran esfera se encuentra el planetario y los signos del zodiaco, viéndose el movimiento de la tierra, del sol y de la luna en torno al círculo zodiacal donde se señalan los solsticios y los equinoccios. Y todo ello con un único sistema de mecanismos!. Una virguería, oiga!
También el Escritorio de la Constitución y el facsímil de la Constitución y, por fin, el Hemiciclo, motivo estelar de recorrido que impresiona, no solo por lo arquitectónico, sino porque allí es donde se fraguan buena parte de nuestros derechos y obligaciones, un lugar para el diálogo que, lamentablemente, parece más patio de mercado que lugar de reunión de ilustrados disertadores.
Vimos que, por su diseño, visto desde abajo, parece más pequeño de lo que es en realidad, al estar un tanto encajonados por la altura de la primera línea de escaños y la perspectiva plana que ofrecen los siguientes, pero, cuando subes a la galería superior, aparece en su dimensión real y se percibe lo magnífico del Hemiciclo.
Luego, como bonus pack, Tachu nos llevó a ver la biblioteca y los pasillos en donde se encuentran las dependencias de las diversas vicepresidencias y secretarías junto con los retratos de los diversos presidentes que ha tenido el Congreso. La anécdota de estos cuadros la da el del Sr. Trillo, al que se le puso en un secante que adorna el cuadro aquello de "manda huevos", pero en latín, que queda más fino.
Muchísimas gracias y nuestro reconocimiento, Tachu; ha sido una visita memorable y con una encantadora atención por parte de todos. Y también a Patricia, sin la que no hubiera sido posible conocerte y a quien también debemos gratitud por tener una hermana tan accesible y agradable como ella misma.
Y aquí terminó la visita.
Café en Caixaforum
Ya, para rematar, nos íbamos a Caixaforum con la intención de descansar tomando un café/té/refresco y visitar un par de exposiciones.
Ya camino del lugar se fueron despidiendo algunos, con otros menesteres y ocios de los que ocuparse, con lo que nos quedamos ya solamente unos pocos para el último hito del día.
Lo del café o similar, quedó en los más de los casos en agua fresca, porque allí hacía un calor un tanto inaguantable.
Las exposiciones, "Desenfocado" y "Chez Matisse" la verdad es que no resultaron muy allá. Hay que ser un iniciado para poder apreciarlas y valorarlas. Y que no se entere el líder que te gusta Matisse, porque quedas señalado.
Y así nos fuimos cada uno a sus cositas, no sin esperar a que menguara el chaparrón que, finalmente, descargó en modo tormenta justo al salir de Caixaforum.
Gracias de nuevo a Patricia y Tachu, por haber propiciado esta visita especial al Congreso, de la que creo que todos hemos disfrutado enormemente.
Gracias también a nuestro imaginativo organizador, que se desvive en imaginar nuevas y atractivas actividades como esta del paseo en limusina que, muy probablemente, a todos nos ha resultado tan divertida como sorprendente.
Pues nada, un abrazo para todos, especialmente a los que no tuvimos la oportunidad de dárnoslo en la despedida del día, por el aquél de al final cada uno acaba por su lado.
PD Gracias por vuestras aportaciones fotográficas para la documentación de esta crónica.