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Los miércoles al sol

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El juego de desorientación La valoración judicial La comida El escape mágico El concierto

Los miércoles al sol

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Esta era una ocasión especial por la colaboración (y el reencuentro, en mi caso) de Vicente en el fasto mañanero de la orientación.
Quienes no tenían el placer lo habrán tenido, ya que Vicente es siempre amable, divertido y didáctico en cuanto hace con y para la gente.
También era especial porque era día para una actividad músico-cultural de nivel con el concierto de por la tarde en el Auditorio.
Además, como entremés, también habría un "escape-room" para hacer tiempo entre la comida y el concierto.
Así que, vamos allá con la historia:

Esta era la planificación del día:

12:00 Pequeño cursillo introductorio a la Orientación a manos de Vicente Gómez en el parque de Berlín.
14:00 Aperitivo.
15:00 Comida de menú en La Revoltosa.
17:00 Escape Room: El Torneo de los 3 magos.
18:30 Merienda a escote en Fiorella Cakes.
19:30 Auditorio Nacional: Concierto en la sala sinfónica de Falla y el Bolero de Ravel.

Y esto fue lo que hicimos:

El juego de desorientación
Aunque cubierto, el día parecía que aguantaría sin llover. No era un tiempo excepcional, pero incluso salió algún rayito de sol, que alegró aún más el día.

Llegados todos al lugar de cita en la terraza cubierta del restaurante "La Revoltosa", disfrutamos de una colación previa para entrar en calor, antes de dar inicio a las necesarias y valiosas explicaciones de Vicente sobre la experiencia a realizar.
Ya alucinados de antemano por los avances que nos había hecho llegar la organización, nos sometemos expectantes e ilusionados al briefing que nos ofrece Vicente, mano ejecutora de este juego/cursillo de orientación.
Tras una breve vacilada de Vicente con el personal del restaurante, (la pobre camarera se cree a pies juntillas lo del copazo mañanero que le solicita junto con su infusión de manzanilla, pero todo queda en unas risas compartidas), se arranca por "Vicentales".
El triunfo del método y la calidad triunfan: El gran trabajo de Vicente y del Topo se concreta en esta ocasión en un elaborado "road book" impreso a todo color que nos hace entrega a cada equipo.
Conforme progresa en sus explicaciones, nos va entregando una serie de cachivaches, necesarios para la realización de una serie de pruebas que habremos de realizar como parte del juego.
Finalmente, tras jugarnos el orden de salida a los chinos, se inicia el experimento con unas últimas advertencias del co-organizador para el correcto uso del road-book y la mejor comprensión de los croquis.
Ya a partir de la segunda viñeta, empieza a haber sus más y sus menos con la fidelidad de los croquis: los mapas adulterados, no se sabrá si a mala uva o despiste del dibujante. La conclusión fue que no hubo quien se hiciera la foto con el oso del sobado culo.

Alguna variación accidental más, da paso a la agudización del ingenio y la orientación "a ojo de buen cubero" para decidir alguna ubicación más.
De lo que más puedo contar, a pesar de que al líder no le mole, es sobre las experiencias de nuestro propio grupo y alguna breve coincidencia con los rivales.
La primera la de la pirámide. Se trataba de una pirámide de unos juegos infantiles, de esas como jarcias de barco que más parecen arboles de cuerda. Como había que salir en la foto testimonio de la adecuada realización de la prueba, todos subidos en el segundo "flechaste" del aparejo, y no estaba la cosa para hacer equilibrios en un selfie comunal, hubo que pedir a un amable joven que nos hiciera la foto. Esto, tras darle unas mínimas explicaciones de nuestra aventura para evitar parecer escapados de alguna residencia cercana (o del frenopático).
Pero el muchacho se muestra amable y comprensivo y le parece muy bien que andemos haciendo el oso a nuestra edad.
Hacemos la foto sin accidentes y seguimos.
Luego vino la del Oso fallido, en la que había que cantar una canción "guarra, guarra pero que muy guarra". Y aquí se ve que las chicas también tienen su repertorio. O yo, al menos, no conocía esa con que nos representó Espe. Y tampoco Amelia ni Inés, que no pueden hacer otra cosa que aguantar el tipo en cámara.
Nos cruzamos con el equipo de los "Filemones", que andaban también en el despiste de localizar al oso. Y, de lejos ya, a los "Bacterios" que andaban a la greña con su propio road book.
Otra prueba era el juego de la anilla ensartada en un palo, para el que nos había provisto Vicente de un soporte con palito introducible sobre el que hacer la puntería. Un solo acierto de Inés nos salva del fracaso absoluto.
El ir desde la pista de petanca en donde se había realizado la prueba hasta el árbol "especial", es un reto. Porque el concepto "especial" es particular, y resulta que a pesar de haber árboles torcidos, enormes y distintos no atinamos en el que era. El gráfico del road book tampoco nos ayudó mucho, así que hicimos un par de fotos a dos árboles y arreando. Eso sí, a Amelia la subimos en alto como si fuera en un paso de procesión de semana santa, al grito de "al cielo con ella".
Otra prueba, aparte de localizar la canasta adecuada, era el encestar la pelotita entregada por la organización en tres tiros al aro realizados por dos de los participantes. Espe salvó el honor del grupo encestando la de prueba y otra de la tanda que le tocó tirar. Yo representé magistralmente lo que es no encestar ni una.
Otra prueba era subirnos a un barco de la zona de juegos infantiles para cantar el estribillo de "La canción del pirata". El barco pirata está diseñado para el uso por niños y no por yayos con la movilidad reducida y el volumen aumentado. Las puertas son para peques y pasar por allí, con ropa de invierno y, en mi caso además, con la impedimenta de bolsa y cámara, se convierte en un verdadero reto y riesgo de patinazo y darnos un "toñazo" interesante por la, aunque breve, angosta escalera. Eso, además del riesgo de que nos llamaran la atención por estar subidos a una atracción infantil y haciendo el ganso a nuestras ya provectas edades (lo del llevarnos al frenopático es otra opción posible).
Para acabar, había que localizar y hacerse un selfie en un WC público. Ahí, debo reconocerlo, me perdió la desesperación. Como había visto, en mi llegada al encuentro inicial del día, salir un tío de una cabina de colorines, arrastré con una seguridad fallida a mis pobres y rendidas "coequipieres" a un selfie de una cabina de comunicaciones de una esquina. Y no. Los únicos que lo hicieron bien fueron los "Bacterios" que fueron mas rigurosos y atinados en el seguir del croquis
Hecha la llamada al señor "Putin", damos por finalizada la experiencia.

La valoración judicial
Ya en el reposo del aperitivo, los organizadores, a la par que jueces, se aprestan a realizar la toma de pruebas de los resultados obtenidos. Así que vamos enviando nuestras fotos y vídeos de comprobación al WhatsApp oficial del grupo, imagino que con regocijo o vergüenza ajena del resto de los miembros del grupo que no asistieron.
Los jueces tienen sus más y los menos respecto al baremo para la valoración de la consecución de las pruebas realizadas y a la hora de otorgar las puntuaciones correspondientes.
Vicente, hombre tierno y conciliador, tiende a la indulgencia. El Topo, rígido e insensible cuan viga de metal, tiende a lo contrario.
Pero, al final, se va imponiendo el criterio de Vicente en las más de las ocasiones y las discrepancias que se superan sin sangre: el Topo cede ante la veteranía y ascendiente de Vicente y se va llegando a un cuasi-empate.
Lo arbitrario de los puntos otorgados o negados y las discrepancias que suscitan, conlleva la amenaza usual del Topo (como siempre, la organización es discrecional en esto de las normas) con represalias a los que reclaman.
Lo que sí está claro es que la "canción guarra" de Espe debe ser popular, por lo que se ve, entre las mozas. Mery interpretó también la misma, dejando claro que lo de las canciones guarras no es patrimonio masculino solamente. De todos modos, no deja de hacerme gracia el oír canciones de este tenor en voces femeninas de mujeres tan formalitas.
EL vocerío que montamos en los comentarios y reclamaciones, nos hace aparecer ante el resto de comensales que comparten la terraza con nuestro acalorado grupo, como un desaforado grupo de jubilados insufribles. No sé cómo no nos dijeron nada ni ellos, ni el personal del local.
Al final, un primer puesto "ex-equo" de "Bacterios" y "Filemones" y un tercer puesto para los "Mortadelos" en un reñido resultado de 46 y 44 puntos.

La comida
El breve aperitivo disfrutado durante la sesión de evaluación de las pruebas, ligero, pensando en la contundencia del postrer cocido, da paso, tras las deliberaciones, a la comida.
La cosa de comer era, en la planificación inicial, cocido. Pero luego se abrió la opción de ensalada y merluza (creo recordar) para los más conservadores de la línea.
El cocido... pues eso: cocido, pero poco. Los garbanzos estaban algo perdigoneros y el jamón salado y raro al paladar. Pero cocido, al fin y al cabo.
Para que no diga el líder que soy siempre yo el único en discordia, el cocido era regulero a la opinión de bastantes de los de mi zona de mesa. Incluso el propio líder lo reconoció en algún comentario posterior al determinar que, en una próxima excursión, disfrutaremos de un cocido "de verdad".
Acabada la comida, tristemente, Vicente tiene que volver a sus quehaceres y nos abandona a nuestra suerte en el "Escape Mágico" que venía a continuación.

El escape mágico
Y sin más, nos vamos caminando hacia el siguiente momento de diversión, unas cuantas calles más allá que se traducen en un paseo de la garbanzada hasta un lugar que, visto a primera vista, tiene más apariencia de garito de copas para el "noctambuleo" que sitio para una teatralización ambientada en las historias de Harry Potter.
Antes de entrar, ya estamos con la pepla de la captura de datos personales aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid. Ya en la entrada te avisan que si no te registras (hasta el DNI te piden) no entras.
Menos mal que su sistema de registro no da para mucho y se traga lo que le pongas. Así que, sin más historias que un breve y personal mosqueo, pasamos para adentro.
El que nos recibe, que parece ser el único ser vivo que atiende la instalación, nos invita a encerrar nuestros enseres en unos arcones que hacen las veces de amontonado guardarropía. Arcones que quedan clausurados con sendos candados de los que quedan las correspondientes llaves al cuidado y custodia de nuestro responsable y querido líder.
Bajamos después por unas escaleras hasta un insospechado y amplio sótano en donde están las habitaciones en donde se desarrollará la acción.
Todo está en un ambiente relativo a las historias de las novelas de Harry Potter, como decía. Ambientes místicos y oscuros con los que el animador pretende intimidarnos ya desde el inicio, entrando cuasi a oscuras en una habitación en donde se encuentra una figura del perro de tres cabezas que aparece en la novela. Un poco deteriorado en algunos puntos, pero resultón.
A continuación tenemos la escenificación de la selección de miembros de los tres equipos mediante la intervención del sombrero mágico y parlante, con el que se concretan los grupos que colaborarán en la resolución de los enigmas.
Luego de esta evocadora escenificación, empezamos ya con las pruebas y acertijos que habremos de resolver para completar la prueba.
La luz es escasa y me veo en la necesidad de pedir ayuda al animador para poder ver lo más esencial, porque los muchos candados de claves numéricas por abrir, además, deben ser del "todo a 100" (por no decir de los chinos, que queda como racista) y los números hay que deducirlos unos por el aspecto de los precedentes. Así que recibo del cuidador una linterna con unas pilas que no estaban en su mejor momento, pero que ayudan algo a discernir el 3 del 6 y del 9. Pero, aún así, hay que esforzar nuestros présbitas ojos.
Parece que el animador va con prisa o que no confía en que unos "yayos" sean capaces de resolver los acertijos. O que lo hagan en el tiempo acotado para cada grupo. Así que se convierte en animador colaboracionista: nos debió ver poco despiertos y ágiles y el tenía sus horarios de futuros visitantes. Hay que hacer caja: "la pela es la pela" (pero en euros).
Así en modo "con la ayuda de un vecino, mató mi padre un gorrino" vamos realizando las pruebas. Están todas bastante bien: la de las pócimas de colores, la de los medallones insertados, la de las velas y cartas colgantes... Al final, el equipo del Topo gana (estará amañado?) no se sabe si por tener mayor lucidez en la resolución de los acertijos o por haber tenido mayor ayuda del colaboracionista. Pero él se hace con la "snitch" y ganan, en cualquier caso.
Luego, una foto de grupo esgrimiendo varitas amenazantes (bueno, al Líder le tocó un hueso -con aspecto de ser auténtico- en lugar de varita) y nos vamos camino al Auditorio.

El concierto
Saliendo del "escape-room", el Auditorio queda muy próximo. La verdad es que con tanto callejeo caminando desde "La Revoltosa" hasta el garito mágico, aparte de que es un barrio que no conozco apenas, he perdido la noción de nuestra ubicación real y me sorprende la cercanía.
Y allá que nos vamos al encuentro con los que han quedado en acudir directamente al auditorio.
El lugar de encuentro es Fiorella Cakes una pastelería donde el optimista de nuestro líder pensaba que nos metiéramos todos -sentados, además- para tomar un café/té/agua, con o sin bollo. Pero el local es escueto de dimensiones y las mesas que hay ya están casi ocupadas en su totalidad. Es un lugar enano para tanta gente que somos y los que ya están.
Así que esperamos fuera de cháchara mientras se hace la hora de irnos al cercano auditorio. Ya en la puerta del auditorio, una breve parada para reunirnos, ya que la entrada es única y la lleva el organizador, y hay que entrar en bloque y contados por el portero.
Ya dentro, nos vamos al gallinero, o "zona de coro" en busca de las butacas de las filas 3 y 4, asientos 1,2,3,4,5,6,7. Y ahí llega el inconveniente de que los asientos van numerados conforme suelen estarlo en los cines y teatros, y también en el Auditorio, pares por un lado e impares por el otro. Pero al final deducimos los asientos correctos y no nos tenemos que pelear con nadie por la ocupación de butacas ajenas.
Es raro ver cogotes e intuir apenas los instrumentos cuando te sientas frente a una orquesta. Claro que, no nos sentamos "frente a" sino "detrás de". Aún así, se confía en que el afamado diseño acústico de la sala nos permitirá una audición sin problemas.
El programa era el siguiente, aunque no en éste mismo orden: La orquesta intérprete sería la Clásica Santa Cecilia dirigida por Juan Pablo Valencia y las obras, las siguientes:

  • Joan Valent.- The beginning of everything, obertura
  • Ravel.- Bolero
  • Mussorgsky.- Noche en el monte pelado
  • Albéniz.- Suite Española, selección
  • Falla.- La vida breve, interludio y danza
  • Falla.- El Sombrero de tres picos, suite 1 y 2
Lo de ver cogotes de músicos (y alguna espalda de buena música) no es impedimento inicialmente para disfrutar de la música, pero sí es algo chocante. Uno, en su escasa cultura musical, está acostumbrado a oír la música "enlatada", sentado delante de mi equipo de HI-FI o del televisor. Y, francamente, había ocasiones en que me chocaba la espacialidad en la que sonaban algunos instrumentos. Oír algunos, que esperaría en la derecha, a la izquierda y viceversa me llamaba la atención. Tampoco era algo muy molesto, pero sí raro, cuando entraba toda la orquesta, oír los metales y la percusión por delante -y algo por encima- de las cuerdas, o los timbales y contrabajos por la izquierda y las trompas por la derecha... me llamaba algo la atención
La interpretación, en su conjunto, estuvo bien. Es muy diferente la calidez del sonido y sentir su presión físicamente, no es comparable a la que se puede percibir en un equipo de música, sobre todo por el volumen al que se escucha.
Lo único que, si hay errores en la interpretación, estos se perciben inmediatamente. El Timbal, el trombón, la flauta... tuvieron alguna imprecisión que no fue excesiva pero si perceptible. Luego, una cierta falta de brío interpretativo, quizá, para lo que me esperaba de esta selección de obras de música española. Incluso con la pieza de Mussorgsky, quedaba un poquito meliflua la interpretación.
Pero la voluntad es lo que cuenta y, en conjunto, no desmereció el concierto.
Acabado el concierto, los músicos se felicitan entre sí, inasequibles al desaliento, y vamos desalojando la sala.
En todo caso, la calidez de estar en el auditorio, tan próximo a los músicos, el ambiente cuasi-religioso que se vive en un concierto... es una experiencia imprescindible.

Y con ello terminó esta jornada de entretenimiento aventurero y musical, que resultó genial y con un tiempo que nos respetó y mantuvo en seco.
Besos y abrazos de despedida y cada uno para su casa. Otro buen miércoles al "sol".

PD Gracias a las pruebas fotográficas para la documentación gráfica de las pruebas realizadas, hay algunas -pocas- fotos. Porque debido a la participación necesaria del reportero gráfico usual en las pruebas, no hubo mucha opción a que hiciera más fotos.
(Aunque no sé yo si se ven mucho).