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Los miércoles al sol
Los Patios de Córdoba
Lo del miércoles
La madre que parió al tren
La Visita matinal
El flamenquín-mojón
La Visita vespertina
La copiosa cena
Lo del jueves
Desayuno a lo guiri o tradicional
Los patios secundarios
El aperitivo merecido y la comida
La madre que parió al tren v2
Los miércoles al sol
Los Patios de Córdoba
Esta vez se trataba de pasar un par de días fuera para visitar Córdoba y sus patios. Un miércoles da para bastante en modo local, pero, para una excursión alejada, es preciso extenderse y pasar una noche en el lugar.
Claro que no todos podemos pasar una noche de entre semana como si nada, así que algunos volverán esa misma noche, si los responsables de ADIF, OUIGO o sus señores padres y madres que los parieron lo permiten.
Y así pasaron este par de días:
Lo del miércoles
La madre que parió al tren
El principio de mi jornada de viaje ya anuncia lo que va a ir siendo la tónica general en el tema ferroviario.
Una salida desde El Escorial con 15 minutos de retraso ya en la cabecera y casi otros tantos en Chamartín, amén de lo acumulado en tramos en los que nos adelantaban los camiones de la A6, iba a ser el preludio del desbarajuste en la larga distancia. Sabia precaución la mía que me ha hecho salir en el cercanías de las 7:14.
Como estaba acordado, nos vamos encontrando en la estación de Atocha.
Mery, Alberto y el que os escribe nos encontramos un rato antes, en una cafetería de la planta superior, pues la inferior tiene poca oferta con derecho a sentarse.
Más tarde, ya en la planta baja, desde donde saldrá el tren, nos encontramos poco a poco con el resto de compañeros de viaje.
Curiosamente, el organizador nos envía un mensaje diciendo que está en el control y que no ve a nadie... Con mucha diplomacia, alguien le advierte que el control en el que está no es el adecuado, ya que nuestro tren sale del de la planta baja y no de la planta alta en el que se encuentra él.
Como somos buena gente -en general- y no nos gusta hacer leña del árbol caído, le advertimos de tal circunstancia y acude disciplinadamente a nuestro encuentro.
Todos reunidos en la puerta de control, vamos pasando nuestros modestos equipajes -los de Miguel y Yolanda menos modestos porque ellos van a viajar más días y llevan "maletorras"- por los sistemas de seguridad pertinentes.
Y luego, a la cola. Allí hay una especie de fila de a tres en fondo para acceder a los andenes tras enseñarle el billetito al controlador. Bueno, controladores -hay dos- pero que se hacen insuficientes para la cantidad de ciudadanos viajeros que pretenden usar el mismo tren.
El retraso ya se considera de serie y parte de la fiesta nacional que nuestro querido Sr. Puente, nos ha regalado a los viajeros. Es la hora de salir y aún están controlando la entrada del montón de viajeros que quedan por verificar el billete.
Será ADIF o quien quiera que sea, pero con OUIGO se sale y se llega tarde igual que con RENFE, a pesar de su publicidad: "No somos AVES, pero también volamos". No sé si volarán, pero se retrasan igualmente que su competidor.
Ya en el tren y sin ni siquiera arrancar, nuestro organizador nos reparte un par de hojitas con unos pasatiempos para que nos entretengamos durante el viaje.
Los pasatiempos van desde identificar la identidad de los actuales miembros de este club a partir de unos mini retratos de su más tierna infancia, a hacerlo por recortes de sus ojos y traseros (Pienso que las de los ojos lo puso para compensar las de los traseros). Pero entre que la diferencia temporal de las fotos infantiles con la realidad actual resulta casi lastimosa, que la calidad de impresión de algunas de las fotografías "culares" deja bastante que desear y que los ojos son el espejo del alma pero en blanco y negro lo son menos, la identificación no resulta fácil y es casi imposible.
Al final, muchos abandonamos el juego con las primeras exigencias de los crucigramas y sudokus, con lo que las expectativas que el organizador tenía en estos juegos, queda frustrada.
Pobre líder/organizador, y sin embargo amigo, que ve cómo todo su esfuerzo ha sido casi en vano. Pero le reconocemos su ímprobo esfuerzo en entretenernos y no dejarnos a nuestro avío.
Y así, entre ratitos de neuronas ejercitadas en los sudokus, charloteos y demás entretenimientos, llegamos finalmente a Córdoba.
La Visita matinal
Allí ya nos está esperando la avanzadilla, que se ha ido unos días antes para un mayor disfrute, extendiendo el viaje por delante. Unos por delante y otros por detrás, aquí se ve lo pudiente del personal y lo atractivo de una visita a Córdoba en esta temporada primaveral.
Así pues, Alfredo nos recoge los equipajes (amplio "carro" tiene que le cabe todo eso) para irlos a dejar al recaudo de un parking. Mientras, María -nuestra guía matinal- ya está allí también para guiarnos hacia esos patios coloridos.
La primera etapa es en autobús, para acercarnos al centro histórico en el que se encuentran los patios.
Muy previsora, ya se ha hecho con un bonobús para todos los viajeros y hacernos más ágil y cómodo el transporte.
Dentro del autobús, recibimos algunas muestras no especialmente amigables del sentimiento de alguna señora (bastante señora) del lugar. Sí que somos bastantes y ocupamos una buena parte del autobús, pero no creo que lo molesto de la mayor ocupación vaya ligada a la relación existente entre los viajeros, ni siquiera a la procedencia geográfica de los mismos. Quiero pensar que la señora es así de suya y la proverbial amabilidad andaluza no se pone en cuestión.
Después con el relajo que supone a nuestro líder/organizador/guía habitual, el disponer de una ilustrada y amena guía que lo sustituya en eso del decir "por aquí", nos vamos camino a la visita de los patios previstos en el programa.
Tras un breve paseo, llegamos a la Plaza del Potro, cuyo nombre viene -según nos ilustra María- de que allí se celebraba un mercado de caballos y no de la fuente en cuestión, que es alegórica pero posterior.
Empezamos nuestra primera visita allí mismo, en el del Museo Julio Romero de Torres, que no luce la decoración tan colorida y peculiar de otros patios, pero que contiene varios jardines dentro de su arquitectura que son dignos de visita, y hacen desear un reposado paseo o estancia que, desgraciadamente, no es posible con tanto visitante.
Después, nos vamos paseando por callejas estrechas, con todo el sabor de la antigua Córdoba, tan bien conservada a pesar del turismo. Es chocante ver que aquí aún no se ha llegado a los extremos en que ha derivado la invasión y masificación turística de otras ciudades históricas. Y un regalo innegable.
El siguiente es el de la calle Badanas, 13. Un edificio de fachada austera pero con una especie de hermoso claustro, reconfigurado a usos más funcionales, en donde se lucen las diversas muestras florales y decoraciones. Una preciosidad.
El siguiente es el de la calle Agustín Moreno 6, El convento de Santa Cruz, en donde se aprecia la mayor austeridad de las Religiosas de la comunidad de monjas clarisas que lo mantienen.
El siguiente patio, el de la calle Aceite 8, es quizá uno de los más espectaculares, cuidado por José Antonio Espinosa.
Entrando está el coqueto y sombreado patio de entrada y su fuente repleta de pétalos. Luego el Patio de las Orzas, con algunos de los más singulares ejemplares de crasas, cactus y hasta plantas medicinales. Y, al final, el patio de la alberca, donde está la palmera salvada del picudo hace una década y ejemplares de enorme porte, entre ellos la burundanga, que no pude reconocer, de una mala fama ya conocida de donde se extrae la escopolamina.
Luego nos vamos a la calle de Siete Revueltas, en donde se encuentra la "Casa de las Campanas", que tiene encargado el cuidado a Jenaro Casas Arjona, tiene un amplio patio inicial con su pozo florido y otro patio interior, repleto de macetas, con su escalera y galería superior. Un precioso dispendio de flores y colores.
Tras un paseo un tanto a la carrera, porque ya estamos en el límite horario de visita, llegamos al patio de la calle Tazas, 11, cuidado por Cristina Bendala y Pepe, que nos ha esperado unos minutos fuera de horario para que podamos disfrutar de esta maravilla.
Es éste un enorme jardín con primorosos rincones que reaprovecha el espacio de una huerta, en donde prosperan un enorme drago -plantado desde una semilla-, bambú, gigantescas buganvillas y cactus, aves del paraíso y un sinfín de plantas que hacen de éste uno de los más grandes, bonitos y variados que visitamos.
Y con las visitas ya realizadas y con el cierre de los patios para las visitas, nos despedimos de María y nos vamos a comer.
El flamenquín-mojón
Esta vez no hay aperitivos que valgan. Como ha habido que apurar hasta el último minuto para ver los patios previstos, nos vamos directamente al restaurante "Taberna Rafalete" donde tomaremos la comida.
Vamos callejeando a la búsqueda de la merecida colación y las "masetas" de cerveza -macetas, que llaman aquí a los dobles- y/o aguas y refrescos, porque la mañana ha sido fatigosa y con calor.
Para comer, mayoritariamente, elegimos uno de los platos estrella -o de los más emblemáticos, al menos- es el flamenquín (en otra categoría está el cordero a la miel del que hizo referencia gastronómica "El Caballo Rojo", pero eso es otro presupuesto y otra historia) y, por supuesto, el salmorejo, elegido por aclamación mayoritaria.
La cosa es que el salmorejo era más bien una "Porra antequerana" que un salmorejo como uno lo recuerda, bastante más licuado y menos pesado. Esto lleva más pan o lo que sea que lo hace más denso y pesado. No está mal de sabor, pero resulta especialmente arduo deglutirlo íntegro y, a partir de la mitad, hay que ponerle mucha intención y voluntad para acabar con él. Muestra habrá de ello a la hora de cenar.
La cosa del flamenquín, ya es harina de otro costal.
Yo, en mi ignorancia, tampoco quise decir nada sobre el asunto hasta que no vi que era del juicio común que aquello era un "mojón", al decir del decir de la zona. No estrictamente, a pesar de su forma, consistencia y color, pero aquello no podía ser el manjar que tanta reputación ha aquilatado.
Esta vez, incluso nuestro amado y sapiente líder tiene una pésima opinión de semejante "truño", que en nada se le parece a lo que debiera ser, con su pollo y su queso envolviéndolo, (sabida es la afición de nuestro querido líder por el queso en cualquiera de sus aplicaciones) con su rebozado de pan y recién hecho. Lo del queso, no estoy yo muy seguro de lo que fuera; de hecho, pensé que era "una especie" de bechamel aceitosa. El rebozo y la fritanga reiterada le daban la puntilla al invento, haciendo de su ingestión una necesidad más que virtud.
Alguna (no la menciono, por conocida) no pudo con aquello y, de repente, tras haber culminado con esfuerzo mi propio flamenquín, me aparecen dos tercios de otro, incluso con peor aspecto que el mío. No pude dudar de su procedencia, aunque diré -en su descargo- que fue otro el comisionado para la felonía.
Claro está que aquello se quedó allí y yo con la fama de intransigente.
Y con "aquello" dentro, como un alien pujante, nos vamos a realizar las visitas a los patios de por la tarde.
La Visita vespertina
Pues con aquello en el estómago, nos vamos camino al encuentro con nuestro guía vespertino, en el barrio de San Basilio, uno de los más turísticos. Y se nota en las colas de gente esperando para entrar, al igual que por la mañana.
La gente busca el lado de sombra de la calle y, como son estrechas -muy estrechas algunas- hay que organizarse para no entorpecer el tránsito.
Y por fin, tras un paseito a paso ligero, nos encontramos con nuestro guía en la entrada del Palacio de Viana.
A la sombra de unos aún jóvenes arbolitos nos cobijamos a su sombra y aguardamos la presentación introducción de nuestro guía.
Lo cierto es que no todo el mundo está llamado a eso de los "monólogos". Ni a ser gracioso. Y no hay nada peor que un andaluz que no es gracioso intentándolo ser. Pero cuando uno toma el sendero del guiado de guiris y el de monologuista frustrado... resulta una mala combinación. El muchacho intentaba amenizar sus escasas habilidades como guía ilustrado con una retahíla de chistes, la mayor parte, poco afortunados a mi gusto. Tampoco parecía, ya digo, muy versado en la materia guiada, pues eran frecuentes sus comentarios sobre si algo estaba o no antes o cómo aparecía, dando la impresión de que no había pasado por allí, no lo había hecho hacía tiempo, o no tenía mucho conocimiento sobre el asunto.
Por lo menos nos llevó por los distintos patios, y así fuimos comprobando la belleza de otros nuevos escenarios.
En este enorme Palacio de Viana hay muchos patios y un jardín.
El Patio de Recibo es un patio porticado con columnas, es el acceso principal al Palacio y fue diseñado para deslumbrar al visitante.
El Patio de las Columnas es el último que se incorporó al conjunto y se construyó en los años 80 del siglo pasado, recordando vagamente al Generalife, con su estanque alargado rematado con pequeñas fuentes silenciosas.
También están los de la Alberca, el del Pozo, el de la Cancela y varios otros.
Después, nos vamos dando un largo paseo hasta nuestro siguiente destino, los patios de la calle San Basilio. Por el camino nos detenemos a ver un muro con restos fósiles marinos de la Mezquita-Catedral, aunque hubiera sido más interesante, puestos a ver algo que no fueran patios, el monumento al Triunfo de San Rafael, en la misma de la Puerta del Puente, y el río. Pero en fin, es lo que había.
En San basilio volvemos a comprobar lo que supone la fama de este barrio, contiguo al de la Mezquita, y que la espera para ver alguno, nos puede llevar como una hora o así. Por tanto, nos decidimos a ver otros menos famosos, pero igualmente engalanados con multitud de macetas con geranios, gitanillas y campanillas de una increíble variedad de colores.
Ahí aprovechamos, antes de la próxima partida del guía, para hacernos la foto grupal, adornándonos de tan precioso entorno.
Después del relevo de nuestro guía ocasional por el habitual (nuestro bien amado líder, que lleva su planito y su móvil en ristre) y tras un breve briefing para que los más cansados puedan optar por descansar mientras los más resistentes continuamos, seguimos la visita a otros patios y rincones.
Vimos aún algunos patios, más pequeños pero igualmente hermosos, con sus escaleras interiores y sus pozos, sus macetas de colores y sus adornos de enseres antiguos.
En uno de ellos, ya no recuerdo cual, la amable señora que lo exponía, nos explicó que, para eliminar babosas y caracoles, lo mejor era la lechuga -para concentrarlos, al parecer, y luego cepillárselos- o, aún mejor, la cerveza, que les encanta y envenena con la misma intensidad. La cerveza hace estragos siempre, sea en la panza humana o de babosa. Pero está tan rica...
Rematamos por hoy la visita a los patios con el del Archivo Municipal, un edificio que ha sido "adaptado" a las necesidades funcionales modernas y que, en bastante medida, se ha desvirtuado.
Salimos de allí a la plaza contigua, a sentarnos un rato a descansar en unos bancos, pues ya va siendo cada vez más cansado el paseo.
Después de este breve descanso, nos vamos hacia el Mercado Victoria en donde hemos quedado para cenar con los que no podían ya dar un paso por las distintas lesiones o la propia fatiga de tanto paseo.
La copiosa cena
Como aún es bastante temprano para la cena, hacemos un recorrido del mercado, para ver la oferta e irnos inspirando para lo que habremos de querer cenar.
La verdad, es que apetece más beber que comer, pues aún llevamos algunos la cosa del salmorejo y el flamenquín a medio digerir.
El mercado es algo del estilo del de San Miguel en Madrid, aunque con un estilo algo distinto y una oferta gastronómica más adaptada a los gustos locales. Organizamos un cierto lío con la disposición de las mesas, que perturba un poco la tranquilidad del camarero, quien nos conmina a dejar sitio de paso para una silla de ruedas. Supongo que debe ser un referencia estándar más que una necesidad real, pues en toda nuestra estancia no apareció nadie que precisara de tal asistencia.
El líder y algunas más (que, al parecer, no se han quedado ahítos con la comida) se resarcen del paseo con una tarrina de helado con más o menos copete.
Yo, algo concienciado por la historia de las babosas y la cerveza y mi propia panza, decido dedicarme -emulando al querido líder- una botella de agua gaseada, más saludable -en principio- y me dejo la "maseta" cervecera para la cena posterior.
Vamos reuniéndonos y los Banegas, los Carmusos y los Alfredos se apañan una botella de vino para acompañar unas patatas y pistachos mientras llega la hora de la cena.
Concha, Blanca y Pedro se apañan algo para su viaje de regreso y nos despedimos de ellos con penita.
El resto, nos empezamos a movilizar para elegir lo que vamos a cenar. Bueno, algunos. Porque hay quien tiene atravesado la porra y el escaso flamenquín que han comido a mediodía.
La oferta es variada y tiene bastante éxito la fritanga local, con un rico adobo, gambas y langostinos con diversos rebozos, tortillitas de camarones... todo muy digestivo para una cena.
Al querido organizador se le iluminan los ojos cuando encuentra un puesto en el que se consigue un flamenquín "como dios manda", con el que se resarce de la frustración gastronómica del de la comida.
Y tras la ligera cena y un rato de charleta en aquella apetecible terraza, nos vamos yendo para el hotel a descansar, que mañana toca también caminata.
El hotel está muy bien pese a su austera y simple fachada, con un vestíbulo y habitaciones suficientemente cómodas y limpias (y a un precio muy razonable para lo ofrecido y su ubicación) como para que merezca la pena tenerlo en consideración para futuras visitas.
Y sin más dilaciones, nos vamos a dormir.
Lo del jueves
Desayuno a lo guiri o tradicional
Recién levantados, vamos esperando a que se reagrupe el colectivo de los del alojamiento "social", ya que el resto se reunirá con nosotros a lo largo del camino hacia los patios.
Un puestecito de café gratuito ofrecido por el hotel proporciona una primer ración de estimulantes a los que nos hemos espabilado más.
Luego de dejar en consigna los equipajes.
Como algunos hemos desestimado la oferta de la moderna cafetería "Golden Stack" y sus sofisticadas propuestas para desayunar, nos escindimos en dos grupos para desayunar conforme a lo estipulado, unos, y otros para acudir a un bar local menos sofisticado y más tradicional. Todos acertamos pues, aunque finalmente en el "Golden Stack" también se podían pedir tostadas con cosas tradicionales, en el bar que ha localizado Mery sirven unos desayunos de tostadas de pan-pan, con su aceite de la tierra y unos bolecitos de jamón picadito que son una delicia. Lo del jamón picadito es un buen invento. Menos vistoso que la clásica loncha, pero más cómodo al evitar la lucha para no arrastrarla a cada bocado.
Los del "Golden Stack", realmente estaban casi puerta con puerta ambos locales, nos envían una foto demostrativa de que allí también sirven panes redondos con tomate y aceite. Pero esos panes... no son como los trozos de barra del nuestro.
Nosotros contestamos con una foto de un "bocata" alucinante que le han servido a un paisano. Con eso desayunas, comes y merienda, por lo menos. Qué burrada!
Y luego, reunidos de nuevo, iniciamos la nueva ruta de patios.
Los patios secundarios
La nueva selección de patios ha sido aportada por los Alfredos, que tienen familia local y les han facilitado una lista orientativa con una selección de ellos.
Vamos de camino pues y, de repente, hemos perdido a las hermanas. O una parte de ellas, al menos. A Ana se le ha ocurrido meterse en un establecimiento a comprar agua sin avisar y, era obligado, al salir se encuentran con que no nos encuentran.
Vuelta en reverso del hermano a intentar localizarlas y, tras un rato de espera, aparecen cada uno por un lado. Pero aparecen.
El paseo mañanero se inicia con un precioso día de sol, buena temperatura aún en esas primeras horas de la mañana. Las calles están apenas concurridas y es un deleite el pasear en esas condiciones.
Seguimos pues ruta hacia estos nuevos patios, que serán más modestos y pequeños, pero igualmente bien engalanados y primorosos.
Curiosidades de la vida ajetreada de nuestro líder y organizador: por un pequeño lapsus oriento-organizativo, nos metemos en dos patios que ya nos suenan como conocidos. En descarga de responsabilidades del Organizador, éste ha tenido en el día anterior -y merced a la eficiencia de nuestra guía matutina- un relajo que espiritual en el que no ha sido consciente de por dónde iba y dónde estaba y no se ha percatado de que alguno de los patios propuestos ya los hemos visitado en el día anterior, con lo que hacemos un entra-sale que no sé si dejaría mosqueados a los propietarios.
El primero es el de la calle Agustín Moreno 43, cuidado por Francisco Diego Ruano y su hijo.
Es un precioso patio con una fuente que, por la forma de su pila, parece tener un claro origen judaico. También el suelo es muy original, con un mosaico de losas de barro enmarcadas por chino cordobés (piedras de pedernal que aportan estética y frescura). Está en una casona con dos plantas y un pórtico en una de sus fachadas interiores que contienen este patio, con una multitud de macetas y enredaderas en sus paredes.
Nueva serie inacabable de fotos de todos los detalles y ambientes de este patio en el casi no se ven las paredes de tanta maceta y tanta flor. Una preciosidad.
El siguiente es el de la calle Pastora, 2. Es un patio, cuidado por Rafael Barón, en una casa de dos plantas con un terrao superior, al que se accede por un bonito y amplio zaguán, decorado con muchas piezas antiguas de todos los tipos. Hasta un monaguillo de aquellos que se utilizaban para incentivar los donativos de los fieles y que ya he visto como elemento decorativo en multitud de lugares de todo tipo.
El interior está adornado de plantas de todos los tipos y colores. Tiene un árbol que se mezcla con las plantas y flores de las paredes próximas. Tiene también una escalera de las más bonitas entre las que hemos visto (para mí, la más bonita), con sus hortensias y muchas más plantas. Además cuenta con una fuente adosada a un muro que le da un toque distinto.
Incorpora también una imagen de la Virgen de la Salud puesta con mucha devoción en un puesto destacado del patio.
Tras éste patio, los más cansados y los que ya prefieren el tapeo a la caminata y las flores, se "atascan" en una vistosa terraza en una plazuela que se nos atraviesa en el camino.
Continuamos vista los más enteros e interesados en continuar disfrutando de los espectaculares patios y sus profusas decoraciones florales.
Así que continuamos, mermados de personal, a visitar el patio de Barrionuevo, 43, que se ha reconvertido en alojamiento turístico y la hace quedar por ello fuera de concurso.
Tiene, entre otras muchas plantas y flores, una fascinante buganvilla y un cactus "cola de gato", creo que se llamaba, que produce efectos contrapuestos de agrado y desagrado entre algunos de nosotros. La verdad es que es tremendamente original y muy distinto de los cactus más usuales.
Tiene también su pozo, pero no tiene fuente. También tiene su escalera interior, como una buena parte de los que vamos visitando, pero el suelo es de baldosas de cerámica más corrientes y modernas, que le resta un poco de tipismo frente a otros, aunque también resulta bonito el conjunto.
Tras un error de orientación, que nos lleva al entra-sal del patio de la Escuela de danza española y flamenco -ya visitado, como decía- continuamos hasta el de la calle Tinte, 9.
Éste es un patio algo menor que el resto, aunque un hermoso naranjo lo adorna, su antiguo pozo y sus rincones adornados con antiguos recuerdos, le dan un aire muy acogedor. También tiene dos plantas y la escalera interior con una profusa decoración le dan su propia personalidad.
Después vemos una más sobrio, el de la calle Maese Luis, 9, que tiene el encanto de una mayor sobriedad y menor colorido, dedicado más a las plantas verdes y menos de flor.
La siguiente posta la hacemos en el de la calle Maese Luis, 4, en la ruta de la judería.
Es un pequeño pero impresionante de una casa de dos plantas con un patio porticado con columnas que enmarcan una fuente, ladeada en la planta del patio, y una multitud de plantas de tonos rojos y naranjas, al que se accede tras pasar un zaguán con una reja forjada.
Éste ha sido nuestro último patio, aunque se queda uno con ganas de visitar los muchos que aún nos quedarían. Pero el tiempo da para lo que da y, aunque no hemos tenido que esperar colas muy largas, entre éstas y los necesarios desplazamientos, apenas nos da para ver ésta pequeña muestra en estos día y poco que hemos podido, eso sí, disfrutar.
Ciertamente, es un espectáculo de colores y vida el que se transmite en estos patios, tan mimosamente cuidados por sus propietarios, sean o no para participar en el concurso. Concurso cuyos premios apenas dan siquiera para cubrir los gastos, según nos han explicado. Por otra parte, es un pena saber que, poco a poco, se va perdiendo la tradición de su cuidado y conservación entre las nuevas generaciones. Una auténtica lástima.
Y con el espíritu henchido de colores y buenas vibraciones, nos vamos a henchirnos los estómagos, que ya va siendo la hora de comer.
El aperitivo merecido y la comida
Visto todo lo posible, nos encaminamos hacia el restaurante en donde comeremos y, oh sorpresa, podremos disfrutar de un aperitivo.
El camino nos lleva por algunas calles ya conocidas y por un acceso a través de un pasaje con escalera, horadado en la propia muralla (el pasaje Junio Galion) que nos abre paso por unas estrechas callejuelas a la Plaza de Séneca (dónde si no se iba a encontrar la Taberna Séneca), en donde tomaremos unas estupendas cervezas y refrescos varios mientras esperamos que el resto de la partida se reúna allí con nosotros.
Hay que colocarse con una rara organización, pues la terraza del local se haya arrinconada contra los muros contiguos y dificulta el repartirnos la escasa sombra que entre dichos muros y una sombrilla ofrecen para el resguardo del sol, que pica ya bastante. Amén de que hay que estimar que los jazmines que cubren las paredes, están repletos de "regalitos" proporcionados por las palomas que merodean por los aleros y se corre riesgo de quedar adornados con una inoportuna cagada palomera.
Se reúnen por fin los Carmusos, Banegas y Alfonsos (que se ha apañado un precioso e interesante libro de oferta sobre los patios) y tras unirse al refrigerio brevemente, pasamos a comer al interior de éste hotel-restaurante Plateros.
El interior es confortable y fresco y, además, somos los únicos comensales aparentes del local. Un bien punto para comenzar la comida.
Vamos esperando a que todo el mundo vaya reapareciendo tras las sucesivas visitas al escusado para poder hacer la foto que nos hará, amable y entregado, el responsable/propietario (no me consta su puesto en la organización) del negocio.
Como la cosa del regreso de las pis-hacientes se retrasa un tanto, el señor, presa de un innecesario entusiasmo, enloquece en un ir haciendo uso y abuso de cámara, pero proporcionando unas instantáneas del momento que ilustran la espera.
Tras los últimos paseos de la camarera, subiendo y bajando la escalera que le da acceso a la cocina (debe tener los glúteos pétreos), y el regreso de la última rezagada (casi hay que ir a buscarla, porque la tardanza se vuelve sospechosa), puede por fin el pobre hacernos la foto de conjunto y nos ponemos a la faena de comer.
La mayor parte nos decantamos por gazpachos y mazamorras, con unos pocos pistos y un salmorejo, para despistar. Están bastante potables, pero creo recordar algún comentario poco favorable respecto a la mazamorra. El resto del menú, bastante aceptable. Un poco escueta la ración de pollo quizá, pero suficientemente bien las del resto de platos, en apariencia.
Tomados los postres y cafés, nos despedimos de los que -afortunados ellos- continúan la estancia y nos vamos encaminando finalmente al hotel para recoger nuestros equipajes antes de ir a la estación.
La madre que parió al tren v2
Nuevamente, a sufrir con el transporte ferroviario.
Es increíble, pero el tren se retrasa sin que nadie informe de na da en absoluto. Vemos que varios trenes se anuncian sobre la misma vía y que el nuestro se va atrasando paulatinamente sin explicaciones.
Por fin le asignan una vía. Vía en la que se encuentra uno (pero parecen dos) trenes AVE que van también a Madrid, pero con un retraso enorme y con la gente ya subida en ellos esperando a que pase algo.
Pero aquello se retrasa de manera infame. Nuestro tren tendría que aparecer en la misma vía que este convoy de AVEs empalmados. El líder se sube a ver de conseguir alguna información al respecto. Vuelve y parece que han cambiado la vía. Pero nadie anuncia nada y aquel inmenso tren ni se menea. Van saliendo otros trenes de otras vías y por fin, al cabo de una larga espera, sale el largo "chorizo" de tren camino a Madrid.
Al rato, aparece el nuestro y conseguimos salir por fin camino a Madrid también nosotros.
El camino de vuelta se realiza entre cabezadas de algunas y animadas conversaciones de los otros, llegando a Madrid sin ser excesivamente conscientes del viaje, que es una buena sensación.
Llegados a la estación yo me despido con premura de la gente para poder llegar al próximo tren que me llevaría sin mayores esperas hasta mi destino en El Escorial. Y llegué por los pelos, porque la salida de los andenes del AVE y asociados, la realizaban en contra de la dirección de la estación y los andenes de cercanías.
Quiero pensar que todos llegamos con buen pie a nuestros destinos.
Y así terminaron estas jornadas de entretenimiento cultural y de relajo, que resultaron estupendas y con muy buen tiempo, con el calorcito -a ratos excesivo- de un buen sol de primavera, que nos alegró la experiencia de este miércoles+jueves, realmente al sol.
Personalmente, me quedo con la pena de no haber visto el río, la Mezquita y muchos otros rincones. Pero si estamos a patios, estamos a patios y el tiempo no daba para más. Quede pues para otra visita, en solitario o en compañía, para redescubrir todos esos escenarios y patios Cordobeses que han quedado sin ver. Pero habrá de ser antes o ya después del verano, porque si ahora hacen ya estos calores, en verano, debe ser para morir en el intento.
Otro buen miércoles+jueves ocioso; este, de catadura especialmente genial, tanto por la calidad de lo visto como por la duración extendida, que siempre da gustito.
Gracias sean dadas a nuestro organizador por sus desvelos (pasatiempos incluidos) y abrazos para todos.
Hasta el próximo miércoles, que será despedida de la temporada, por tierras de la sierra oeste.
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