Oceánica 2020
(National Tour)
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Aquí podéis ver el reportaje fotográfico completo y descargar las que queráis en alta resolución
Podéis ampliar éstas pulsando sobre ellas

Y algún video

Fase I: Tour del Norte Banet Cronista: Banet

Día 1º: Madrid - Medinaceli - Arnedillo

La primera en la frente
Medinaceli
Jurasic park 1
Arnedillo

Día 2º: Por cañones y palacios

Las hoces de Lumbier y Arbaiún
Olite. El calor sin siesta
Julio: El inicio de una leyenda

Día 3º: Por Navarra y La Rioja

Mirando por Herce
Tras las huellas de los encierros
Logroño... caramba!"

Día 4º: De Soria a Segovia

De nuevo al Jurasic park
Ciudad de Soria
El Burgo de Osma
Sepúlveda

Día 5º: Por tierra Sepulvedana

Las hoces del Duratón y San Frutos
La "visita guiada de Almudena"
Los cangrejos en el río

Día 6º: Por las rutas de las hoces y Sepúlveda

Breve ruta hacia el gélido río
Sepúlveda

Día 7º: Día de Regreso

La ruta por el bosque
La panza cervecera
Vuelta a casa


Fase II: Tour del Sur Gloria Cronista: Gloria

Día 1º: La larga marcha

La "juntá": Misión Imposible
Julio: continúa la leyenda
De atasco en atasco I
De atasco en atasco II

Día 2º: Al asalto del inglés

Del acceso al Peñón
Leña al mono!
Por cuevas y túneles
Libertad al fin!
La tarde de los sedientos

Día 3º: Camino a Sotogrande

La leyenda se afianza!
Última dieta y cada cual a los suyo


Fase I: Tour del Norte

Día 1º:
Madrid - Medinaceli - Arnedillo

La primera en la frente
La primera en la frente porque salgo de Robledo a la hora adecuada para llegar sin problemas unos 15 o 20 minutos antes y, cuando estoy ya allí, a escasos 700m del lugar de quedada, me encuentro con una obra bloqueando el túnel de acceso al destino. Y es que era el único itinerario que conocía bien. Intenté rodear por un camino que recordaba de montar en bici por el lugar, pero el destino me tenía predeterminado que no iba a llegar a la hora. Tras una re-entrada involuntaria a la M-40 y dar la vuelta por donde cristo perdió el mechero, acabé en el mismo punto de la citada obra. Sin echarme a llorar, marco el móvil del Topo quien, gentilmente, me guía a modo de GPS (voz de señor) hasta el punto adecuado. No obstante su buen talante me llevo el chorreo y reproche de que ."..yo en una Oceánica de verdad ya iba marcado". Cosa que tuvo a bien recordarme un número indeterminado de veces, sin que valiera mi excusa de que la culpa era del ayuntamiento y de su falta de información actualizada sobre la situación de la zona. La culpa era mía: tenía que haber salido de madrugada para llegar con garantías. En fin, que cargamos el resto del equipaje de Gelen en mi coche e iniciamos camino a Medinaceli.

Medinaceli
La búsqueda del restaurante, bajo los calores de esas fechas, fue lo primero al llegar. Bueno, lo primero-primero, fue intentar dejar los coches a la sombra, porque el calor era de alivio. Amenazando tormenta vespertina pero con un calor de película del desierto.
Luego, en el restaurante, procedimiento de higienización y selección del menú. Cerveza fría a raudales para unos (dos) y agüitas gasificadas y otros similares para el resto. Ni la ventana entornada dejaba pasar la corriente de aire. Aunque total, "pa qué" si el aire era como el del horno del panadero. En fin que tras llenar la barriga adecuadamente, nos fuimos a arrastrarla por las calles de Medinaceli. Por lo menos evitó que me diera la modorra y asi, cuando decidimos (decidió el jefe de expedición) salir para Arnedillo, ya se me había pasado para ponerme a conducir con solvencia.

Jurasic Park 1
La ruta hacia Arnedillo fue en remojo absoluto. Se puso a llover a la mitad del recorrido como si no hubiera un mañana. Así que el camino, y su maravilloso paisaje, quedaba oscurecido por el grueso de las nubes y el chaparrón. Pero aunque la visibilidad estuviera reducida, al menos el paisaje acompañaba y entonaba con la lluvia. Raudales de las rieras por los arcenes, cascadas por los taludes de la carretera...
Por reajustes necesarios en la planificación oficial, se decide que aún cayendo lo que cae de agua (sí, se ha puesto a diluviar) pasamos antes de ir a Arnedillo por el "Parque jurásico" éste en que se ven unas huellas dibujadas con tiza que dicen ser de unos dinosaurios... Lo que se hace por el turismo. Pero allí, aprovechando que paró de llover, y aún a costa de ponernos hasta arriba de barro las zapatillas (las de algunos especialmente), nos fuimos a hacer un mini recorrido, por hacer tiempo un ratillo y ver que se les habia despintado ya alguna huella pintada.

Arnedillo
Ya en Arnedillo, nos ponemos a la ocupación de aposentos. Un momento de duda sobre preferencias de las vistas hace que, nobleza obliga, le quisiera ceder a Gelen mi habitación de vista exterior por la de vista al interior que le adjudicaron. Perfecto. Le agarro la maletita por el asa, cortés y gentil caballero pero con la levedad de la mano de un nene y "cloc", se me escurre de la mano al tropezar con un listoncillo en el suelo de la entrada de la habitación. Resultado: el asa de la susodicha maletita, nunca volverá a ser el mismo.
Pasado el momento de sonrojo y las disculpas, decidimos acercarnos, por verlas, a las piscinas termales que dan fama al lugar. Todos enmascarados, nos fuimos para allá para descubrir que aquello eran las termas de Caracalla. Lo de la distancia de seguridad no dejaba de ser una broma. Nos sentíamos un poco raros vestidos y enmascarados junto a la exibición de magras (y no tan magras) del personal, de los roces y retoces de algunos hormonales (o anormales) que no parecían que fueran del mismo dominio familiar.
Pero el río estaba precioso, eso sí, con toda el agua caída y la crecida.
Momento de cena (más cerveza y agüitas con gas) y de descanso. A dormir tocan.

Día 2º:
Por cañones y palacios

Las hoces de Lumbier y Arbaiún
Inciamos la mañana yendo hasta la Foz de Lumbier. Un precioso tajo del río Irati, bordeado por una pista que, creo yo, debe ser el resto del trazado de un antiguo tren de vía estrecha. No es un camino largo y transita bordeando el río y permitiendo el acceso al cauce, con lo que se pueden ver bellos parajes. También hay un par de túneles procelosos, afortunadamente con buen firme, que hacen más atractivo el camino.
Bastante concurrido, por cierto, para ser tiempo de pandemias pero, eso sí, todos con su máscarilla puesta. Se vela por la salud del prójimo.
Julio va con su "pata-chunga", resultado de un "viaje" de ciática que le va fastidiando lo suyo, pero aguanta como un héroe. Yo sé lo que es eso y el tío no pierde comba.
Tras el breve recorrido, nos vamos para la Foz de Arbaiún. Bueno, al mirador de la susodicha foz, porque no hay camino transitable por su fondo, pero las vistas merecen la pena.
Y sin más, a Olite.

Olite. El calor sin siesta
Sin el paso previo de la debida siesta, nos vamos para el palacio, con un sol/calor de justicia que daba grima acercarse a la piedra.
Espectacular en todo caso. Mucha torre, mucha almena. Un lindo claustro y unas preciosas vistas a la villa circundante... Pero lleno de escaleras. El enemigo llegaba a las torres ya destrozado, seguro. Se debían rendir en el tercer tramo. Eso sí, las vistas reconfortan de lo sudado y dentro de los muros se está fresquito al menos.
Julio cede ante las escaleras y el último torreón se lo descansa. Un rato de alivio. No sé cómo aguanta el hombre.
Búsqueda de imanes para nevera y repostaje, esta vez de agua fría y generosa, y a los coches.

Julio: El inicio de una leyenda
Pero no es leyenda por su resistencia a la fatiga ni al dolor... No. Se inicia su fama porque, increíblemente, empieza a apuntar su extrema capacidad para estropear coches. Especialmente en cosa de ruedas: un pinchazo con un soberbio tornillo lo deja incapacitado para moverse de Olite. Bulla del líder al postrado por no percatarse del asunto. Recurso al seguro. Consultas varias a la Mutua Madrileña Automovilista, dan como resultado (debo recordar cambiarme yo de aseguradora) que le sugieren un tour extra con sorpresa de de si al final tendrá que hacer otra oceánica distinta. Afortunadamente, es hombre de recursos y lidia el trance tirando de cartera (y de mucha suerte) y un paisano de un taller local le hace el apaño.
Esa citada fama se irá forjando y afianzando en las fases posteriores del viaje... pero ya que las cuente Gloria, si le parece.

Día 3º:
Por Navarra y La Rioja

Mirando por Herce
Camino a Pamplona hacemos una parada en el Mirador de Herce, viejo y ruinoso resto de una fortaleza con unas formidables vistas sobre el valle del río Cidacos. La cuestión era el camino de subida, que se las traía. Y cuando digo camino, no digo carretera. Pero los autos, el pinchado incluido, se muestran suficientes a la par que diestros sus conductores para afrontar las empinadas revueltas de su trazado.
Breve visita, foto grupal y primeras poses de calentamiento para el publi-reportaje de la chica "FasciaFit©".
Seguimos camino hasta llegar a la localización final para el reportaje en Autol, curioso el nombre, en el parque del Picuezo y la Picueza, nombre de unos "meños" que adornan el paisaje, en donde nuestra lideresa-consorte y educadora de cuerpos, se ofrece para la inmortalización gráfica de unos ejercicios mejoradores de la fascia y del palmito.
Y terminada la faena artística, seguimos camino a Pamplona. (Ale, ale!).

Tras las huellas de los encierros
Y llegamos a Pamplona. Pero lo primero es lo primero. Lo comprometido eran unos bocatas en un bar especialista en la materia. Y cerveza. Y aguas varias. Lo cierto es que los bocatas están de muerte y algunos nos apiolamos un segundo por mitades. Por la cosa del muestreo gastronómico, más que nada.
Y empezamos el periplo Sanferminero, guiados a medias por el mapa impreso del líder (Google Maps es para nenas) y por los huecos previstos para las vallas. Así, poco a poco, llegamos hasta la plaza desde donde se inicia y cierra el festejo con el consabido "chupinazo". Bonita ciudad Pamplona. Ahí se nota que los vascos lo hacen todo a lo grande: la plaza del Castillo, la Ciudadela, el Baluarte de Guadalupe... y unas calles que conservan un sabor tradicional perfectamente conservado.

Logroño... caramba!
Bonita ciudad, caramba... Bueno, como la mayoría de las que tienen un río, sobre todo si se le puede llamar así, que el Ebro es un río serio, con un talante de ciudad pausada, tranquila, pero con unas callejas de tapeo que indican que la actividad nocturna, aunque supuestamente reducida en estas fechas, debe ser frenética en tiempos normales.
Acabamos en un bareto más familiar que "cool" pero, los que gustaron, se apiolaron unos generosos y alabados cachopos. Otros nos decantamos por cosas más sencillas y asequibles a nuestra función gástrica, pero ricas y sustanciosas sin duda. Y más cerveza. Lo que hace no tener que conducir y llevar un chófer abstemio! Gracias amigo, camarada y guía!

Día 4º:
De Soria a Segovia

De nuevo al Jurasic park
Dejamos Arnedillo ya para irnos bajando al sur. Así que, nada: como los Julios no habían estado en la primera incursión, repetimos la visita a las huellas de dinosaurios. Esta vez con cuidado suficiente de no embarrarnos los pinreles.
Me inmolo en el trámite de dejar a los visitantes en la salida del itinerario para ir con el Topo y Julio a dejar los coches en su final. Y chuparme una cuesta de alivio maldiciendo la hora en que no me he quedado con Julio en el aparcamiento, dándole conversación en su obligado postramiento, porque la "pata-chunga" no mejora y se ha quedado en el coche. Así que asumo que ya no está uno para machadas y dejo al Topo que se aleje a su ritmo, para llegar a misas dichas al encuentro con los excursionistas, ya de bajada, y dar la vuelta. "P'haberse matao!" Y de ahí a Soria.

Ciudad de Soria
Breve visita incial a esta bonita ciudad, para ir a la búsqueda del barcito donde hicimos acopio de energía más que deleite gastronómico, pero suficiente para quitar la gusa y refrescar los gaznates (cerveza y agua, ya se sabe).
Tras ello, iniciamos un recorrido turístico. Se empieza a convertir en manía eso de los paseos a panza recién llena. Pero la suerte está de mi parte. Los niños ven un trenecito turístico y piden hacer el paseo. Los papis, tía y un servidor nos hacemos como que "qué se le va a hacer" y nos resignamos a hacer el paseo sentados y a la sombra, aunque ahumados por el escape de la puñetera máquina-tractor.
Todo un acierto. Aparte del ahorro de energía, nos llevó pasando por un itinerario junto al río (Duero en este caso) con una bonita vista de la ermita de San Saturio, colgada sobre el río. Me mantengo en lo de las ciudades bonitas y los ríos.
Y no me libré, no. Había que hacer el paseo a pie. (Y el "Momento helados"). Así que, a ello!

El Burgo de Osma
Breve paso y recorrido por el interior de la ciudad amurallada a orillas del río Ucero (de escaso cauce, pero río). Una bella catedral de espectacular pórtico, su Plaza Mayor (momento de descanso sentados y a la sombra de los árboles) y los alrededores amurallados con vistas al cercano castillo. También breve el esparcimiento de los chavales en los columpios, que bastante aguantan de paseos por calles ilustres, pero suficiente para conformarlos.
Y con ello seguimos ruta hacia nuestro destino definitio: Sepúlveda.

Sepúlveda
Llegamos por fin al estupendo Hotel Puerta de Sepúlveda«««, propiedad de los Benito, en donde vamos a pasar los próximos días, entre excursiones por sus preciosas rutas por las hoces del Duratón y formidables comidas para reponer (ya hablaré del estupendo cordero que deglutimos con fruición más adelante). Cálida acogida y reencuentro. El acogedor hotel, decorado con encanto y atendido con excepcional amabilidad, nos abre la posibilidad a un descanso que ya se va haciendo necesario tras un día ajetreado. Pero no sin cenar y libar alguna cervecilla más (otros agua, por fin con gas).
Después de la cena con charla de puesta al día, a la piltra que mañana toca excursión.

Día 5º:
Por tierra Sepulvedana

Las hoces del Duratón y San Frutos
A primera hora, excursión. A la ermita de san Frutos. Un precioso panorama sobre la hoz junto a la que cuelga la ermita. Tremendos barrancos sobre el río Duratón, ya convertido en el embalse de Burgomillodo. Así da gusto, agua a raudales.
Momento de fotos con paisaje al fondo, pero sin buitres. No se ponían en cuadro y el estar tan cerca de la cortada me pone un poco nervioso por los niños. Luego, paseo hasta la ermita con sobrevuelo de buitres a mansalva y, oh sorpresa, un alimoche que se deja ver de cerca.
Luego bajada a ver una cueva de un ermitaño y vuelta para arriba. Yo me excusé del baja-sube, momento en el que fui obsequiado por el destino con la visita del alimoche mencionado.
Al regreso de la excursión pasamos al momento gastronómico estelar: un excelente cordero sepulvedano, preparado con maña y amor por Macu, la hija de los Benito. Habrá que volver a degustar otro otra vez. Qué cosa más rica! (Esta vez con vino, cordero obliga, y las agüitas de rigor).

La "visita guiada de Almudena"
La lideresa-consorte, no hay siesta que valga aunque vamos con el cordero dentro, se nos lleva a Gloria y a mí de paseo para ver una gruta, no sé si sugerida por terceros o recordada por ella misma, pero que incluía una bajadita por unas escaleras empedradas de empinado perfil hasta la susodicha grutita que debía albergar una virgen o similar, oh maravilla, en la que una reja cerraba el paso a un interior vacío y sin fuste. Pero el paseo nos premió con el sobrevuelo, a ras de gorra, de un par de buitres que palió, en parte, mis lamentos. Al menos hasta que hubo que subir lo bajado y arriesgar mi condenación a los infiernos, porque subí jurando en arameo y mentando a la lideresa-consorte por algunos otros nombres que la definían mejor en aquél sudoroso y agonizante momento.
Y de ahí, al río a pescar.

Los cangrejos en el río
Una vez despierto el Sr. Benito, nos fuimos hasta el río a ver qué se podía hacer por la cena. Y armados de reteles y cebo apestoso (es el que priva a los cangrejos, qué se le va a hacer) nos fuimos para el Duratón de nuevo por la zona del puente de Talcano.
Tras un primer lance fallido, el experto Antonio ubica donde están todos los cangrejos del río. Qué ir y venir de reteles dentro y fuera del agua! Al principio no había mucho interés, pero en el momento que se empezó a ver cómo se metían en las trampas, ya todo el mundo quería probar suerte. Al principio los niños no tenían muy claro eso de "ir a pescar cangrejos", pero luego Marcos preguntaba si nos podíamos quedar hasta las doce (había oído el pobre a Antonio sobre que la vez anterior había estado hasta muy tarde pescando y que había sacado un montón).
Así, aliviamos al río de ciento y pico largo de cangregos que Antonio tuvo la caridad de finar y limpiar adecuadamente y María Elena la pericia de cocinarlos de manera exquisita.

Día 6º:
Por las rutas de las hoces y Sepúlveda

Breve ruta hacia el gélido río
La mañana se prestaba para un nueva incursión por sendas, corta de recorrido pero con final feliz en un playazo de derrubios de arena junto a un remanso de agua. Agua gélida, (avisados estábamos por Antonio de los 13º más o menos a que estaban) pero que habría de propiciar el baño para algunos y, para la chica "FasciaFit©", una inspiración al postureo para su iconografía de ejercicios, pero esta vez en el agua.
Conocida por su resistencia al frío, escasa, fue un momento inenarrable verla entrar y salir entre cada foto: qué voluntad, qué tesón, qué afán de superación! (Y qué caretos!).
Pero aguantó y, ya acostumbrada o insensibles los pies, admitió volver a meterse en el agua para la foto grupal que inmortalizaba el momento y el paraje.
Fotos familiares, una pequeña incursión con el Topo a la búsqueda de un camino recordado mientras el resto retoza en el bonito remanso y vuelta para el hotel a comer.

Sepúlveda
Por la tarde, queda la ruta Sepulvedana "de la Glorieta" que nos lleva por el contorno de la ciudad. Momento que aprovecho para extraviarme junto con Julio, que sigue caminando inasequible al desaliento, y aparecer por otro lado del resto del grupo. Milagrosamente, esta vez no nos cae bulla del Topo-líder o, al menos, yo no me entero. Quizá porque el líder se había ido a otros menesteres de su responsabilidad.
El caso es que Gelen nos hizo de cicerone circunstancial más tarde, para reconducirnos por lo más interesante de la ciudad, plaza y calles, con alguna que otra anécdota sobre nupcias e iglesias, casa natal de Antonio y lugar de ligoteo de la época.

Día 7º:
Día de Regreso

La ruta por el bosque
Nueva ruta por las hoces, esta vez por el espléndido y arbolado fondo que da otra pespectiva de las hoces. Y más sombra. Porque aunque han bajado las temperaturas, en cuanto te pones al sol, te asas.
Así podemos ver algún animalejo para deleite de críos y adultos y visitar alguna nueva cueva, esta vez con acceso.
Vuelta al hotel para compartir una última comida con los Benito, visita de los niños a la fábrica de Antonio para hacer acopio de maderitas para posteriores trabajos manuales y fin de fiesta.

La panza cervecera
Tristemente, se va a acabar lo bueno. Llega el momento de partida y de las cuentas y observo por lo anotado a mi nombre, entre avergonzado y feliz, que la cerveza ha sido mi líquido vital durante esta (y las previas) etapas del viaje. Pero al mirar hacia abajo para buscar la cartera observo que no ha sido en vano. Me veo algo menos los pies, la camisa se abomba de más donde solía y eso ya tiene poco apaño. Quizá el cordero, los cangrejos, las hamburguesas y huevos fritos hayan tenido algo que ver en ello también. Así que encomiendo mi alma a Pantagruel y empezaremos con lo aprendido de la maestra en sus ejercicios para "FasciaFit©". Que algo harán.
Despedida de nuestros amables y queridos amigos y hospederos, de los también queridos compañeros de viaje y al coche.

Vuelta a casa
Ya de vuelta, cada uno se vuelve a su bola pues, generosamente, mi acompañante Gelen se vuelve con el Topo para ahorrarme la bajada hasta Madrid y vuelta atrás.
Así, ya puedo perderme con gusto y sin miedo a las bullas del liderando. Y lo hago. No hay GPS que me espabile y me despisto en una instrucción a derechas y me voy a izquierdas. Debería decir "... a doscientos metros gire a cuchara" (o tenedor, según el caso) a ver si así me fuera mejor. Pero subsanado algún error de orientación, decido tirar "p'alante" por donde sea que mi orientación maltrecha me quiera llevar y me paseo, quién dijo miedo y llevo el depósito lleno, por la N-110 hasta Navacerrada. No lo hice tan mal. Llegué a casa.
Y, ahora, cedo los trastos a Gloria, quien narrará para ustedes los sucedidos que continuaron en el resto del viaje. Yo me apeo aquí.
Abrazos para todos.

Fase II: Tour del Sur

Día 1º:
La larga marcha

La "juntá": Misión Imposible
La segunda parte de la Oceánica Nacional 2020 comienza el Lunes 10 de Agosto, en la zona sur de España. El objetivo es llegar a la playa de Bolonia (Tarifa) a las 13:15 horas para comer y pasar el día en esta magnífica playa, pero las cosas no pueden ser tan fáciles, y el comienzo de esta segunda parte se tuerce un poco.
Oscar ha estado pasando unos días con unos amigos en la zona y nos espera al resto del grupo para comer todos juntos en el chiringuito de la playa. El resto del grupo está disgregado por distintas zonas: Los Julios han pasado la noche en Mérida y llevan el coche con media casa a cuestas, ya que terminada la oceánica continuarán hasta fin de mes en Cádiz, así que deciden salir a las 8:00h para descargar lo máximo posible en casa de los suegros en Cádiz y continuar hacia Bolonia ya más ligeritos. Estando ya cerca de Jerez sobre las 10:45, empieza a llover y los Topos acompañados de Gelen salen del Castillo de las Guardas. El Topo ha hecho cálculos y estima que lleva tiempo de sobra para llegar a Bolonia a tiempo, y el último grupo, los Joaquines, salen desde Sanlúcar poco después.
La cosa se complica y como era de esperar, cada uno de los grupos tiene imprevistos que hacen que el día no salga como esperábamos. Esto me obliga a dividir en este caso la crónica, así que vamos por partes:

Julio: continúa la leyenda
Primer imprevisto, los Julios: Estando a pocos km de Jerez, a los Julios se les enciende nuevamente el testigo de pérdida de presión en las ruedas, ¿es posible que en pocos días hayan podido pinchar dos ruedas en dos coches distintos….?
Un poco más adelante encuentran una gasolinera y revisan los cuatro neumáticos. Tres de ellos se inflan sin problemas, pero con el cuarto no hay nada que hacer. Después de varios intentos, nos indica una de las chicas de la gasolinera que intentemos en otra que hay más adelante cogiendo el desvío a Jerez. Allí que nos dirigimos, con la misma mala suerte que hasta ahora, solo que Julio al intentar inflarla escucha cómo sale el aire por detrás, así que tal y como nos temíamos, han pinchado nuevamente y en la misma rueda que en Olite, ya es puntería…. Nos indican un taller de reparación a la entrada de Jerez y para allá que vamos. En este caso es Lunes y las 11:00h, con lo que esperan tener más suerte que en Olite.
En el taller confirman que la rueda está rajada, pero al ser un tamaño especial, no tienen repuesto, y tras buscar en el ordenador, localizan dos ruedas del tamaño necesario, pero hasta por la tarde no estarían disponibles. Deciden ir en busca de la BMW a ver si hay más suerte….
Pues como era de esperar, no hay tampoco ruedas de ese tamaño, y el del taller de la BMW nos dice que si hemos encontrado un sitio donde por la tarde nos tienen las ruedas, que no dudemos, porque ellos como mucho hasta dentro de uno o dos días no dispondrían de las ruedas, así que volvemos al taller del principio y pedimos las ruedas. Nos confirman que sobre las 18:00 estarán allí, así que nada, los Julios se van al Carrefour que hay enfrente, a dar una vuelta y hacer tiempo.
Allí hay poco que hacer, así que deciden llamar a la Mutua Madrileña a ver si esta vez hay más suerte y nos dan asistencia en carretera. Después de varias gestiones, no fáciles y con todas las pegas del mundo, conseguimos que nos venga a recoger una furgoneta para llevarnos a los 4 a Cádiz a casa de los suegros. Hace bastante calor y no tiene sentido meterse a dar vueltas por Jerez con la que está cayendo. Ya damos por perdido nuestro bañito en Bolonia, nosotros que íbamos preparados ya con el bañador para aprovechar al máximo…..
Ni tres minutos llevamos en la furgoneta que empieza a hacer un ruido y el conductor decide parar a mirar. No hemos salido todavía de Jerez. La cara del conductor era un cuadro, miraba y volvía a mirar el motor, y al final nos dice que cree que la correa de distribución se está rompiendo, nos enseña un trozo que ha recogido del suelo, y nos dice que no puede continuar con el viaje, que llamará a un taxi que venga a recogernos. No nos lo podíamos creer, ya es mala suerte…. ¿quién de los 4 será el gafe…..?
Después de casi 20 min esperando, por fin llega un taxi que nos lleva a Cádiz. Comemos con los suegros y cuando terminamos, vista la poca agilidad de la Mutua, Julio vuelve a gestionar que venga a recogerlo el Taxi para llevarlo a Jerez a recoger el coche. Sobre las 19:30 llega a Cádiz con las dos ruedas traseras nuevecitas, y casi 700 euros más pobre… Toca descargar y salir pitando para Los Barrios. Tenemos reserva para cenar en el Foster’s Hollywood a las 21:00, a ver si conseguimos llegar a tiempo…

De atasco en atasco I
Segundo imprevisto, el de los Topos, que se encuentran varias obras en el camino y caravana tras caravana provocan que la estimación del gran jefe se vea alterada y no consigan llegar a tiempo al restaurante… con la brasa que nos había dado de que no podíamos llegar tarde…. Visto que no llegan, activan un plan B y reservan en un restaurante en Tarifa para comer los 5.

De atasco en atasco II
Y por último los Joaquines, que se encuentran también con varias caravanas pero consiguen encontrarse con Oscar a tiempo, y no queda otra que reducir la reserva de 14 a 5 personas. Menuda gracia le habrá echo al del restaurante…. Los Topos una vez han comido, se van para Bolonia y consiguen pasar la tarde en la playa. Poco puedo contar de esta parte, porque los Julios no estábamos, pero como nos contaron, el agua estaba cristalina y fresquita, se bañaron y alguno consiguió subir a la duna…
Tocaba recoger los bártulos y tirar para Los Barrios para ducharse y llegar a cenar a las 21:00. El Foster’s Hollywood fue el punto de encuentro de los 4 grupos. Los Julios llegaron a tiempo, un poco después de las 21:00, y por fin conseguimos unificarnos todos y cenar tranquilamente. Ha sido un día complicado para todos, así que después de la cena nos vamos para el Hotel a descansar, que al día siguiente hay que madrugar y a las 8:30 hay que estar desayunados y salir hacia Gibraltar.

Día 2º:
Al asalto del inglés

Del acceso al Peñón
Martes 11 de Agosto: frente a todo pronóstico, los ingleses nos dejan entrar en Gibraltar, así que después de madrugar y desayunar sobre las 7:30, todos menos Oscar, que ha decidido ir más tranquilo por su cuenta, salimos hacia Gibraltar sobre las 8:40. El objetivo es llegar a la entrada en la frontera, bajarnos los copilotos a toda prisa para sacar los tickets del teleférico y el parque natural del peñón sobre las 9:00 y así ahorrarnos la cola del cable Car (como llaman al teleférico aquí en Gibraltar). Pues han informado mal al Topo, y la ventanilla de venta está cerrada y no abre hasta las 9:30, así que nada, nos montamos nuevamente en el coche y cruzamos la frontera dirección al parking del cable car.
Como era de esperar, la zona gratuita que está marcada de blanco está completa, así que nos bajamos todos menos los conductores que se dirigen a otro parking más abajo a ver si hay más suerte. El resto nos ponemos a la cola para sacar los tickets del teleférico, pero tampoco abre hasta las 9:30, así que nada, toca esperar, pero solo hay dos familias delante, así que hemos tenido suerte. Los conductores tardan más de la cuenta y nos dirigimos a comprar las entradas según las instrucciones del Topo. La señora que nos atiende nos informa que hay una zona que no se puede visitar y que no tiene sentido comprar subida y bajada del teleférico, que se puede hacer la bajada andando, pero no queremos desobedecer las instrucciones del gran jefe, así que hacemos el pringado y compramos ida y vuelta, total, solo hay dos euros de diferencia por persona, así que no nos arriesgamos no nos vaya a caer una bronca por alterar sus planes.
El primero en llegar del parking es Joaquín, ha tenido suerte y ha conseguido aparcar en zona gratuita. Julio y el Topo no tienen tanta suerte y tienen que pagar la zona azul, al final han tenido que volver todos al parking del cable car porque el otro estaba cerrado (otro error en la planificación).

Leña al mono!
Una vez todos reunificados, nos dirigimos a subir al teleférico, pero el clan joven de los joaquines necesita ir al baño, así que se quedan rezagados y subimos en dos grupos distintos. Una vez todos arriba, nos dirigimos al mirador a ver las espectaculares vistas. Merece la pena subir aunque sea solo por verlas. Ya nos encontramos con los primeros monos, que logran quitarle una pelota hinchable del carrito a Aliana. Menudo susto, no te puedes despistar ni un segundo.
Todos nos preguntamos donde está Oscar, que supuestamente llegaría para coger el teleférico con el grupo, pero parece ser que ha decidido subir con el coche a una parte del peñón y ya está arriba. Nos quedamos a cuadros, porque supuestamente salvo los taxis no se puede subir en coche, así que a ver si tiene suerte y no le calzan una multita de regalo. Finalmente ha decidido hacer la ruta en sentido contrario a la del grupo, así que nada, se va tranquilo a hacer el recorrido por el peñón. Nos encontraremos con él a lo largo de todo el trayecto un par de veces.
El resto del grupo, una vez ha disfrutado de las distintas vistas del mirador, tiene que separarse, porque Judith decidió pisar un erizo un día en la playa y se le clavaron algunas púas, así que tiene el pie regular como para pegarse esta caminata, así que la dejamos en el mirador y el resto seguimos con la ruta. Será la única que utilice la bajada en teleférico…. Al Topo le toca cambiar el plan previsto puesto que hay una zona cortada y no se puede acceder, así que tenemos que invertir el plan y hacerlo en sentido contrario. Nos dirigimos en este caso a la plataforma Skywalk, y Almudena tiene el primer susto con los monos y le salta uno de golpe a la mochila que llevaba a la espalda. Menos mal que estuvo ágil y pudo quitárselo de encima rápidamente sin que consiguiera abrirle la mochila. Los niños iban por delante y no lo vieron, porque ya bastante asustados iban pendientes de que no se acercara ninguno. El grupo se divide por error, y Almudena, Marcos, Elena, Javi y Gloria deciden subir a unas ruinas que hay más arriba. Menudas escaleritas… y a pleno sol. Arriba nos encontramos con las ruinas de una fortaleza con una especie de mazmorras, que les encantan a los niños. Visto que vemos que el resto no sube, decidimos dar marcha atrás en vez de continuar por otro camino, ya que el mapa no nos lo deja claro. Menos mal que volvemos, el resto del grupo nos estaban esperando a la salida del Skywalk para continuar con el plan, y el Topo nos echa la bronca porque nos hemos saltado el plan previsto y esto no tocaba verlo, sniff, sniff…

Por cuevas y túneles
A continuación visitamos la cueva de San Miguel, donde se estaba muy fresquito y aprovechamos y nos sentamos un ratito en las gradas que tenían montadas para algún concierto que deben dar en la cueva. Ya a esta hora empieza a hacer bastante calor, y se agradece estar a la sombra un ratito.
Seguimos el camino, en busca del puente voladizo, que cruzamos sin problema, aunque a Gloria no es que le emocione especialmente, pero consigue pasarlo, y tras bajar una gran cuesta, toca decidir si subimos nuevamente para coger el teleférico y nos quedamos sin ver el resto del parque, o continuamos viendo lo que nos queda y ya bajamos andando. Pues nada, visto la cuesta que tenemos que subir, decidimos continuar con la visita y ya bajaremos andando. Al final del camino alguno se arrepentirá de no haber bajado en teleférico, porque lo que parecía que estaba cerca, a pleno sol, se hizo eterno….

Llegamos a los túneles de la II Guerra mundial, pero para ver uno de ellos hay que subir una cuesta de unos 300 metros, así que el grupo se niega en rotundo, no tienen casi agua y el calor está haciendo mella en las fuerzas del grupo. Para visitar los otros túneles necesitamos hacerlo con un guía, que acaba de salir con otro grupo, así que nos asomamos un poco por verlas y continuamos dirección al castillo. Joaquín va cargando con el carrito y las dos niñas sentadas en él, sus brazos ya no los siente, así que en el Castillo decide quedarse fuera a la sombrita y el resto entramos a verlo. Los únicos que suben al castillo son los Topos, el resto está ya derrotado y se sientan donde pueden a descansar a la sombra. Todavía quedan al menos 1,5 km hasta llegar al parking, y hay que reservar las fuerzas.
Una vez recuperadas un poco las fuerzas, continuamos ya todo de bajada hasta llegar al parking, parece que no lo vamos a encontrar nunca, madre mía las piernas ya no las sentimos, con tanta bajada… Conseguimos llegar justo para las 14:00 que es cuando les caducaba el ticket a los Julios y los Topos, así que objetivo conseguido. Nos montamos en el coche y nos dirigimos al parking cerca del Pizza Hut donde vamos a comer. El tráfico es bastante complicado y los 3 coches nos perdemos, así que nos ponemos a dar vueltas hasta que los Topos nos envían la ubicación y conseguimos llegar.
En algún momento Oscar se ha unido al grupo y consigue llegar también al parking. La suerte es que está justo al lado del Pizza Hut y llegamos pronto para sentarnos al fresquito y beber agua. Aunque aquí no es obligatoria la mascarilla, y no la lleva ni el tato, a Almudena le piden los datos por si hubiera algún caso de Covid-19, bueno, esperemos que no se dé el caso…

Libertad al fin!
Tras la comida, tenemos vía libre para recorrer la calle peatonal de las tiendas mientras el Topo saca el coche del parking y lo lleva nuevamente al cable car que es donde nos reunificaremos todos nuevamente para visitar un jardín botánico que hay allí cerca.
Esto es lo nunca visto, el Topo dándonos tiempo para poder entrar en tiendas y comprar, no me lo podía creer… Fuimos llegando poco a poco al punto de encuentro en el jardín botánico, no sin sufrir bajo un sol de justicia y las piernas flaqueando, pero con las compras correspondientes hechas. La última en llegar Gelen, que había aprovechado para entrar en todas las tiendas posibles sin las restricciones correspondientes de su hermano.

La tarde de los sedientos
En el parque encontramos un banco a la sombra que nunca fue más cotizado, pero habíamos cometido un fallo, ninguno había caído en comprar agua, y allí estábamos a las 18:00h sin agua para los peques ni para los mayores. El Topo convenció a todos los pequeños y los llevó a un gran parque que había con columpios, cama elástica, etc, y allí se tiraron toda la tarde hasta que nos fuimos. Para distraerlos, Almudena sacó de su gran mochila fruta y alguna cosa más para que todos los niños merendasen.
Nuevamente habían informado mal al Topo y no cerraban a las 18:00 el Jardín Botánico, así que mientras los niños estaban disfrutando en el parque con Almudena y Judith, el resto nos fuimos en busca de un pequeño zoo donde supuestamente había Lemures, pero no hubo suerte porque ya estaba cerrado.
Cada vez más urgía ir en busca de la ansiada agua, así que el Topo llevó en su coche al resto de conductores a recoger los coches al parking donde los habíamos dejado para comer, y el resto nos quedamos esperando a la sombrita y sentados donde pudimos.
Fueron llegando poco a poco, por supuesto con el agua y por fin conseguimos calmar a las fieras. El último en llegar fue Joaquín, probablemente decidió dar una vuelta por todo Gibraltar, y su clan esperándolo desesperado. Era para ver las caritas de alegría de Kaila y Aliana al verle aparecer al fondo del parking.
Bueno, ya todos montados nuevamente en el coche, hicimos un recorrido por el otro lado del peñón, donde hay mucha gente que no sabe ni que existe. Finalmente no pudimos parar a ver el Cañón de las 100 toneladas porque no había donde aparcar, pero conseguimos llegar a la punta donde estaba el Faro y la zona de columpios. Allí dimos un paseo por toda la zona y nos encontramos con unos novios haciéndose fotos. A la novia la habíamos visto previamente en el jardín botánico haciéndose fotos. Los niños intentaron mover un cañón, sin mucha suerte…

Bueno, después de un pequeño descanso en los columpios, tomamos dirección a La línea, para cenar en el bar Finlandia. Cruzamos la frontera sin ningún problema, podríamos habernos llevado medio Gibraltar, que nadie comprobó nada. Nos costó encontrar el parking para aparcar, había que callejear bastante, y nos encontramos con un control de policía que parecía poco amigable, con la mano en la pistola dirigiendo el tráfico. Los joaquines se habían despistado en busca de una gasolinera, y llegaron más rezagados al restaurante.
Allí cenamos todos muy bien, en un patio muy andaluz y al fresquito y una vez terminamos, nos dirigimos todos nuevamente al hotel a descansar, que había sido un día muy largo. Almudena miró su reloj e indicaba que había caminado unos 14 kms, así nos dolían las piernas y estábamos agotados. Supuestamente el plan inicial era andar unos 4 km, pues sí que nos hemos debido desviar….

Día 3º:
Camino a Sotogrande

La leyenda se afianza!
La mañana del Miércoles 12 nos levantamos sin prisas y bajamos a desayunar a las 9:30, porque a las 10:00 en principio se acababa el desayuno. Una vez terminamos, recogimos todas las maletas y cargamos los coches para salir a las 10:45 dirección Sotogrande. Conseguimos llegar al parking previsto y el Topo fue a localizar el parque infantil Jugarnia, pero qué mala suerte, está a pleno sol y por las mañanas lo tienen cerrado, así que los peques se llevan el chasco del siglo. Después de dar una vuelta por el puerto de Sotogrande, visto que había poco que hacer de interés y ya estaba todo visto, Oscar decide que es el momento de dar por finalizada la parte de su oceánica y se lleva a Gelen tristemente a Granada. El resto, para compensar el chasco a los niños, buscamos plan alternativo: Elenita se monta en una moto teledirigida por Almudena y el resto se montan en una especie de donuts con motor en una pequeña zona del puerto. El Topo, al que no le caben las piernas, con Marcos, Joaquín y Judith cada uno con una peque y Javi y Sara en otro. Está claro que en esta familia pasa algo raro, porque el único donuts que no funciona es el de Sara y Javi, así que les toca bajarse y esperar a que el resto se baje 10 minutos después para poder montarse ellos. Menos mal que al final la chica se marcó el punto y los dejó montar a cada uno por separado para al menos poder perseguirse mutuamente, sino la cosa tenía poca gracia.

Última dieta y cada cual a los suyo
Después de esta pequeña aventura, volvemos a los coches y salimos dirección La Butibamba a comernos los famosos tacos de Lomo. Llegamos sobre las 14:00, así que perfecto, conseguimos dos mesas sin problemas y nos ponemos de Lomo con patatas y algunos de Gazpacho, hasta las trancas. Otra comida de dieta total, después de esta oceánica salimos rodando, madre mía…
Bueno, llega la hora de que los Julios se despidan, ya que continúan sus vacaciones haciendo una primera visita a la familia de Julio, así que nos despedimos en el parking, con mucha pena y el resto continúa dirección el parque de la Batería de Torremolinos.

Continuará...